Leía esta mañana un tuit que se mofaba de que en la acampada de seis jubilados que a primera hora ha desalojado la policía, hubiese tres helicópteros rondando sus cabezas ya que, y siempre según el autor del mismo, "les tenían miedo". Hoy esa misma policía, "la que les tenía miedo", ha decidido anunciar que interpondrá una denuncia contra el Gobierno por inacción con el #15m en el Comité Ejecutivo de Eurocop en Bruselas.

Denuncian que el gobierno, días antes de las elecciones del 22M, omitiera a propósito su deber de impedir una acampada ilegal por cuanto vulneraba flagrantemente la ley electoral...

No se hizo nada. A partir de ese momento, la Plaza del Sol y los alrededores la han considerado suya, cortando el tráfico por todo el centro de Madrid, incumpliendo la Ley Orgánica 9/83 de 15 de julio, reguladora del derecho de reunión, durante más de tres meses, pretendiendo arremeter contra el Parlamento en reiteradas ocasiones e intentando asaltar el Ministerio del Interior, e incluso queriendo evitar que los diputados entrasen en la Cámara, incumpliendo la Ley Orgánica 10/95 del Código Penal...
Que días más tarde se permitiera que una contra-manifestación laica cruzara su camino con los peregrinos de la #JMJ...
Una vez más la Delegación del Gobierno claudica y esa tarde se producen múltiples agresiones a los jóvenes y religiosos de las JMJ. La Policía, por órdenes superiores, sólo separó a unos y otros y siguió mirando y aguantando todo tipo de agresiones tanto verbales como físicas
Y que mientras ejecutaban su labor...
Se han mofado en nuestras caras, reído de nosotros, tomado el pelo y hemos aguantando las órdenes de ser tolerantes y pasivos con los violentos. Eso sí, sin dejarnos hacer lo más simple para nosotros que es aplicar la Ley Orgánica 1/92 de Seguridad Ciudadana, que es nuestra única arma para poder sancionar las actitudes chulescas y barriobajeras con la Policía. Pues ni esa nos han dejado aplicar. Además de varias denuncias falsas, archivadas por los jueves, quedando indemne y libre quienes las realizaron
Hay veces en las que también algunos deberían verse en el espejo para saber qué es lo que ven los que permanecen a su alrededor. Ánimo señores policías.
Mientras el mundo entero se tambalee bajo nuestros pies. Mientras entre revolución y revolución olvidemos que siempre seremos culpables, al menos, de parte de los males que nos aquejen. Mientras, acosados por las deudas y la pérdida de derechos sociales, acusemos a los demás de anti-demócratas en lugar de luchar de verdad por la democracia. Mientras que nos obcequemos en reunirnos asambleariamente en lugar de tomar decisiones y dar forma institucional a lo que otros arrogan una representación cuasi absoluta. Mientras todo ello ocurra, nada, absolutamente nada, cambiará en éste cruel y vomitivo mundo en que vivimos.

Una revolución ciudadana no se culmina con acampadas y razonamientos sesgados cuyo partidismo sectario se comienza a vislumbrar en sus entrañas. Para que ésta tenga éxito, para que cumpla con su función, debe transformarse en algo tangible, visible, estructurado, que permita a los ciudadanos ver algo más que tiendas de campaña, puntos de información y rastafaris vociferando eslóganes facilones micrófono en mano.

Se debe llegar a un final en el que los que componen el movimiento sepan exactamente qué es lo que les están pidiendo a los políticos. Un final en el que quien quiera que sea pueda identificarse con todo un razonamiento completo que abarque todas y cada una de las cuestiones que se pongan sobre la mesa.

La revolución se marchita no porque la derecha esté a punto de llegar al poder. Y tampoco pierde fuelle porque haya habido, como dicen algunos, miles de infiltrados que han intoxicado a quienes en las asambleas estaban para enfriar su belicoso y revolucionario ánimo. La revolución se marchita porque no acaba de concretarse en nada en absoluto. Se enfría por la simple llegada de un frío Otoño que hace imposibles la nocturnas noches revolucionarias al raso.

La revolución en la que tantos y tantos pusimos nuestras esperanzas y que poco a poco nos fue desengañando, no ha servido más que para insultar a peregrinos, atrasar algunos desalojos de viviendas y legitimar algún que otro acto vandálico, amén de tratar de hacer lo contrario con un poder político, que aún con todas las reservas que podamos tener, representa la voluntad de un pueblo que en ninguna de las ocasiones en que el movimiento se escenificó en la calle salió a acompañarlo.

Hay que hacer las cosas de forma distinta. Pero sobre todo, hay que concretar las propuestas discriminando todo aquello que sea caldo de cultivo del populismo, la rima sencilla y el simple ataque visceral hacia cualquier sigla política. Solo así el movimiento conseguirá seguir adelante.

En contrapartida a la opinión expresada por mi aquí, os dejo un párrafo de una entrevista a Mario Conde que se contrapone radicalmente a la mía:

Yo conozco a mucha gente joven y a gente joven que ha estado allí; gente joven de derechas, católica y apostólica. El 70% de los españoles entiende la protesta. Ya no entienden tanto las propuestas, pero no les pidas que además de protestar tengan una propuesta coherente. Todos los movimientos de este tipo son magmáticos; el cemento que los une es la protesta, une el cabreo y el cansancio. ¡Y así funciona la Humanidad! ¿O tú te crees que cuando se produce la Revolución Francesa hubo unas propuestas consensuadas? Lo que hay es un cabreo porque la situación ha llegado a un límite y no se puede hacer más. ¿O cómo se produce la Constitución de 1812? Cabreo contra un régimen absolutista.
En fin, que no es tan sencillo como parece esto...
Habría que hacer un ejercicio de reflexión en el que todos los que nos oponemos a las formas en que se está ejecutado ésta reforma de la Constitución, pusiéramos en claro qué es lo que pensamos de la misma y en qué parte concretamente disentimos de ella. No en vano, no es lo mismo estar en contra de que no nos pregunten que estarlo de la reforma en si.

Evitando en principio la primera cuestión, la de la pregunta, deberíamos decidir si estamos de acuerdo en que ningún gobernante pueda endeudarse más allá de lo que objetivamente ingrese. Para respondernos bastaría con que nos mirásemos en un espejo y nos preguntásemos aviesamente ¿Te gastarías 2000€ si en realidad ganases 1000€? Sería una cuestión de responsabilidad el hacerlo sin engañarnos a nosotros mismos. Responder con acertada sinceridad y dejar las matizaciones demagógicas de lado para que la razón y la cordura ocuparan sus puestos libres de ataduras.

Si nosotros, ciudadanos medios cuyo gasto corriente incide directamente sobre nuestro bienestar propio, no podemos gastarnos más de lo que ingresamos. ¿Porqué entonces debería hacerlo un político que no nos conoce y que sin dudarlo nos subiría los impuestos, rebajando nuestros ingresos, para poder incrementar un gasto superfluo que seguramente quedaría reducido a la décima parte cuando llegara a su destino?

Así las cosas, ¿Estamos en contra de la reforma constitucional o sólo en cómo se ha llevado a cabo? Lo digo, más que nada, porque antes de lanzarnos a las calles a llenar las plazas de indignados, deberíamos plantearnos seriamente contra qué nos íbamos a manifestar para así echar fuera de las reivindicaciones ciudadanas a todas aquellas personas que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, tuviesen la tentación de tergiversar un grito ciudadano cuya única pretensión fuera el que se los tuviese en cuenta.

Por lo que leo se ha aprobado finalmente el primer trámite de la reforma de la Constitución. Nuestros políticos han sentido la llamada de la responsabilidad y se han puesto de acuerdo en algo. Una pena, porque para lo único que éstos se ponen de acuerdo es para apretarnos más la soga a los ciudadanos medios, que como dice hoy Rosa María en su blog, no pasamos más que por ser lo pobres de una Francia siempre detestada por nosotros, pero que asombrosamente con gobiernos de derechas, ofrece más ayudas sociales que aquí con unos de izquierdas.

No negaré ahora la necesidad de un cambio como el que se ha realizado, pero me preocupa el poso que un acto como éste, el de negar el derecho del pueblo a pronunciarse al respecto, pudiera traer consigo en el caso de nuevas reformas constitucionales que se encaminaran a favorecer el ansia de protagonismo de unos partidos periféricos que pudieran demandar mayor soberanía o mayor diferenciación con el resto de España. La propia posición de estos partidos en las votaciones de hoy claman al cielo; en algo que les perjudica han pedido que se vote en referendum, el próximo cambio lo negarán amparándose en lo que hoy a ocurrido. No lo hicieron con el art.135 que limitaba nuestro techo de gasto, dirán, ¿porqué entonces con el derecho a decidir?

Se ha ejecutado una reforma constitucional necesaria, equivocando las formas y negando la voz y el voto de un pueblo hastiado de gilipolleces y envalentonado por un movimiento ciudadano que ha hecho trinchera en las plazas de toda España y que amenaza con perpetuarse hasta la aniquilación misma de la democracia tal y como la conocemos. Y se ha ejecutado de una forma tan chiquillería y precipitada, que en la propia acción de votar se ha proporcionado una valiosísima munición a nacionalismos y regionalismos varios.

Pocos favores han hecho nuestros políticos al bien común en estos años. Lo de hoy ha sido la puntilla.

El último día de las vacaciones suele ser siempre bastante tumultuoso, dado al abrazo de la nostalgia, la pena y la añoranza, y siempre teñido de una querencia dada al enojamiento, el enfado y la subida súbita de bilis por la garganta. Cabrea, sin más esto de que se te acaben las vacaciones. Más cuando hasta hace una semana éstas no finalizaban hasta el Viernes, pero oh! casualidades de la vida, apareció un viaje a Vitoria que nadie más que tú, oh! gran conductor de primera es capaz de realizar. Aún así las cosas la vida continúa su indomable camino hacia una muerte segura. El mundo continúa con su vertiginoso giro continuo sobre su propio eje, del mismo modo que lo hace el Sol sobre el suyo.

Sol, esa palabra que hasta hace unos meses no sera más que la simple nomenglatura de la estrella que nos da la vida y que hoy comparte significado con el de una plaza tomada por un movimiento ciudadano. Es curioso que se decidiera tomar precisamente esa plaza. Y no por las implicaciones políticas que ello traía consigo (no en vano es la casa de Esperanza), sino por el sentido metafórico del mismo. La plaza que en la versión del universo #15 arroja luz sobre una ciudadanía perdida para recuperar el poder que le robaron desde los órganos políticos.

Y así, metafóricamente hablando, nos encontramos también que en el propio movimiento, y partiendo de esa misma plaza, existe también un fenómeno llamado erupción Solar que como su análogo astronómico, es perjudicial para quienes se topan con él sin quererlo. En el caso terrenal del #15m las erupciones solares serían anarquistas, perroflautas y demás escoria civil que no busca en el movimiento más que la oportunidad de endiñarnos a los demás algún que otro gol desinteresado.

Pero qué les voy a contar a ustedes. Pensar en el Sol y tener sólo presentes las erupciones solares es de tan necios como pensar en el #15m y ver solo maleantes y perroflautas. El movimiento es necesario porque arrastra consigo a toda una ciudadanía anquilosada que de otra forma no sabría salir a la superficie. Somos animales comunitarios y ello nos impide actuar de forma resuelta e individual. También somos cobardes. Necesitamos el amparo de cuantos más mejor para hacer lo que se supone deberíamos haber hecho hace ya años.

Y por eso hay que dar una oportunidad al movimiento aunque luego critiquemos lo que no nos guste del mismo. Eso sí queridos amigos, cuidaos de Sindicatos y políticos pancarteros porque ellos, sin duda alguna, son peores que las erupciones solares. Eso sin duda.

En fin, que se me acaban las vacaciones. Al menos, queridos amigos, tuve el privilegio de disfrutarlas. Otros sencillamente ni siquiera soñaron con ellas, o en su caso, hubiesen renunciado gustosamente a las mismas con tal de tener un trabajo al que agarrarse.

Pd:

Hacia las doce de la mañana me han llamado desde la empresa. No hay viaje a Vitoria y hasta el Viernes no comienzo a trabajar. Son las cosas de la crisis y una parte del contrato que firmé hace ya un año y medio; "disponibilidad horaria completa".