Es curioso ver el sentido de las opiniones que se vierten en internet, la cantidad de las mismas que se centran en un mismo tema, el flujo de información que se genera en un sentido u otro en función de en donde pongan los medios tradicionales el foco informativo en un momento dado.

Si miramos con perspectiva los posts y tuits que hemos escrito estas últimas semanas, veremos que hemos pasado de un posible rescate a España de la UE a una guerra en Libia, ido a Japón y transmutado todos en físicos nucleares al tiempo que nos convertíamos en asesinos virtuales de la importancia real de la catástrofe vivida en aquellos días en aquel país, para pasar luego de nuevo a sojuzgar las razones de una guerra que algunos sólo defienden en virtud de quien esté en el gobierno, más tarde volver durante semanas con Japón y luego, de golpe y porrazo, hacer de una votación sencilla en la UE la gota que colmara el vaso de la paciencia de todos los Españoles.

Sobre este punto me llama muchísimo la atención el comprobar que en ningún país de la UE se ha dado la contestación cibernauta que se ha producido aquí. Ni un tuit reprochando los votos en contra de los billetes en turista de los eurodiputados. Ni uno solo. ¿No les resulta curioso a ustedes también?

El primer tema del post se puede resumir de una forma sencilla y gráfica que creo todos entenderán a la primera; somos simples borregos que nos creemos los reyes del mambo. Sí, no somos nada más que simples altavoces de los medios tradicionales que nos movemos a salto de mata entre los titulares que atinamos a cazar al vuelo, mientras devoramos insaciablemente las ediciones digitales de los periódicos creyendo que nuestra opinión, al estar publicada en su mismo lugar, tendrá o acabará teniendo la misma trascendencia que la que tienen estos.

Sobre el segundo tema creo que deberé ser más ácido en la conclusión; somos más papistas que el papa. Miren yo no se mucho de política y tampoco soy sociólogo, pero el hecho de que Alemanas, Franceses o Ingleses no se hayan tirado a la yugular de sus representantes en la eurocámara no puede más que responder a que ellos saben que la forma de corregirlos no es invadiendo los time-lines de los demás con eslóganes tontunos y facilones, sino en las urnas y mediante votos de castigo.

Por otra parte querría hacer una reseña a lo dicho esta tarde, o mejor dicho lo omitido, en Onda Cero de boca de Julia Otero. Le dio esta periodista mucha importancia a la abstención de una diputada del PSOE, pero prefirió omitir en multitud de ocasiones que una otra parlamentaria, en este caso del PP que sí votó en contra. Y por el contrario decidió malmeter contra Soraya por su comentario en tuiter...A eso se le llama imparcialidad política.

En medio de una crisis galopante que no acaba, Jose Luis ha decidido convocar primarias en su partido para que sus congéneres elijan a quien será el sucesor del ordeno y mando en el aparato del partido Socialista. Es democracia pura y dura. De la buena. De la que escasea.

Al otro lado del río hay otro partido, menos dado a escenificaciones de ese tipo, que basa sus liderazgos en dedazos que aseguran continuidades en políticas y discursos que pocas veces desorientan al votante que no participa activamente en el devenir de las decisiones del partido.

Son dos formas distintas de entender la política. Dos formas de llevar la autoridad en casa. Y por supuesto, dos partidos distintos que tienen una meta común, ganar las elecciones.

El resto, todo lo que se dice a uno y otro lado de la trinchera, las comparaciones entre partidos y la legitimidad que dan a unos las primarias frente a los dedazos de los contrarios, no son más que eslóganes copiados de la mesa del director de campaña, que no sirven más que para intoxicar a los contrarios con pareados asonantes que buscan hacer sangre donde todo el mundo sabe que no hay más que horchata.

A mi me da igual que un líder se elija a dedazo o en primarias. A mi, lo que me importa de verdad, es lo que éste haga cuando acapare el poder en liza. Desde luego, nadie me podrá negar nunca que hay personajes que se convirtieron en presidentes de España gracias a unas elecciones y que fueron la perdición del reino aún cuando estaban sostenidos por la madre de todas las elecciones democráticas, unas elecciones generales.

Así que ya me dirán ustedes qué podemos esperar ahora de unas primarias en las que los filos de navajas cortarán el aire como si de estrellas ninja se tratara…

Se va el peor presidente de la historia democrática de España. El que peor valoración ciudadana ha tenido nunca. El de la tensión. El rojo-rojo. El que olvidó a una parte de su familia porque no le interesaba en su discurso. El de la revisión de la transición. El que decidió que él no la había votado.

Se va el presidente del odio. El de la segmentación de España. El que decidió volverse más nacionalista periférico que los mismísimos que lo habían mamado desde que nacieron. No hablaba Catalán en la intimidad, pero se despachó a gusto cada vez que pudo promover una ley que removiera un poco más los cimientos de la nación.

Se va el presidente del talante. El del “no a la guerra”.El de la negociación con ETA. El que cree que ello aún es posible. El mismo que suspira con ello aún por encima de accidentales atentados terroristas. El que tras los atentados de la T4 no dudó en seguir conversando con ETA.

Se va el presidente del cheque bebé. El de los 426€. El de la paridad obligatoria. El de la derogación del trasvase del Ebro. El de las regularizaciones de inmigrantes con tickets del Mercadona.  El del carné por puntos. El de los papeles de Salamanca. El de la ley antitabaco. El de la memoria histórica. El de las carreras estatutarias. El del nuevo modelo de financiación autonómica. El de la venta de votos a cambio de dinero de todos. El de la economía sostenible.

El presidente que dijo que bajar impuestos era de izquierdas. El mismo que años después defendería que los impuestos había que subirlos para mantener las prestaciones. El del pleno empleo.  El de la vivienda digna a un precio digno. El de la jubilación a los 67. El de la congelación de pensiones. El de la reducción del jornal de los funcionarios. El del paro en letras mayúsculas. El de la crisis. El de la desaceleración económica.

Se va el presidente que perdió su estrella. El optimista empedernido que abocó a todo un país al mayor de los baches económicos que nunca padeció. Se va Jose Luis. Ya era hora.

4 Comentarios

Periodismo chaquetero

Tan enorme poder de fuego causa la muerte de civiles por precisos que sean los misiles de los países occidentales.

Esta frase no la ha dicho un reportero neoliberal apostado en las barricadas de la guerra de un país llamado Irak ante el escándalo de políticos y periodistas de una izquierda progresista, pacifista, verde y dialogante. La frase, la fatídica frase, la ha dicho un tal Juan Miguel Muñoz, enviado especial de El País a Libia, referente al asesinato de siete civiles a manos de las bombas de una coalición internacional, que curiosamente debido a que en ella está ahora su partido de los amores, ya no tiene la obligación moral ni ética de matar solo a los malos y dejar impunes a los buenos.

Puede que mañana la noticia sea que Jose Luis ha decidido convocar primarias para elegir a su sucesor. Puede también que simplemente decida anunciar que dimite y convoca elecciones. También puede darse la circunstancia de que decida no decir nada. Incluso que opte por anunciar que lo anunciará después de Mayo.

Puede pasar todo ello, pero de lo que estoy seguro es que, pase lo que pase mañana en ese congreso socialista, a los mortales que vivimos sujetos al recibo de la luz y la hipoteca se nos seguirá machacando con dicha chorrada haciéndonos creer que ello, que no nuestro futuro económico y laboral, es lo realmente importante en nuestra existencia.

Será porque los periodistas se acercan demasiado a los políticos, como dijo hace poco el Iñaki del “necesitamos tensión”. Será porque han acabado padeciendo del síndrome de Estocolmo. Pero lo que es cierto como que mañana volverá a amanecer, es que nuestros periodistas juegan un papel fundamental en la creación de la cortina de humo que nos intoxica diariamente al resto de ciudadanos.

Será que me estoy haciendo viejo a mis treinta y pocos años. Será que me cansan tanto ellos como los otros. Será que al final ya no me creo nada.