Que un post que éste servidor de ustedes escribió en un blog que hace casi cuatro años pasó a mejor vida, haya sido portada de meneame en estos días…

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¡¡¡Porqué no se les ocurriría enlazarme hace cuatro años cuando yo aún podía hacerme ilusiones con aquello de vivir de la blogocosa!!!

La última vez que escuché hablar de “revolución” en la blogosfera, lo mentado era algo referente a la capacidad de opinar y ser escuchados que adquirían todos aquellos que se decidían a emprender la ardua tarea de escribir en un blog. Y de eso ya hace tanto tiempo, que incluso podríamos decir que la llama que se prendió en muchos de nosotros se ha ido apagando, poco a poco, por la falta de un oxígeno escaso con el que han acabado las Redes Sociales que nacieron a su sombra y los trinos de un pajarito azul cuya existencia trona a una velocidad endiablada.

Leer cómo alguien en quien siempre fijas tu mirada para tentar si tus pensamientos van en la buena dirección, se decide a escribir una tenebrosa entrada en la que da a entender algo que ya tú mismo expresaste hace tiempo, es un augurio melancólico que lo que hace es decirle a uno que por primera vez en su vida bloguera no fue desencaminado en sus descabelladas conclusiones.

Que la blogosfera acabará por profesionalizarse es un echo seguro. Que a ésta la sustituirán miles de perfiles sociales, asociados entre sí con un denominador común llamado Twitter, que los conectará a ritmo de hastags y endiabladas velocidades de comunicación instantánea, una realidad palpable. Que todo ello será una revolución social, como dice mi buen amigo Marcelino, nada de nada.

Y es que queridos amigos, la bala no es lo que mata, sino la velocidad que lleva. Y aquí olvidamos que los blogs, las redes sociales y los perfiles del twitter no son los que revolucionan nada, sino las personas que tras ellos les dotan de contenido y raciocinio.

RubalcabaHay promesas que sólo se pueden proclamar cuando uno sabe a ciencia cierta que nunca se verá obligado a ejecutarlas. Y en el PSOE se ha entrado en una dinámica prometedora que embauca el voto casi imposible de quienes desde hace años pedimos listas abiertas y revisiones impositivas de las sicavs.

Nada como despedirse de ocho años de gobierno para recordar de pronto las cosas que tanto escandalizan al populacho. Será que aún nos toman por imbéciles lectores que deciden los votos en función de las promesas. Será que tienen tuiter y facebook, pero no para comunicarse directamente con los ciudadanos, sino para utilizarlo como otro medio cualquiera de propagandismo electoral.

En fin, que aún habrá nueve millones de ciudadanos que votarán exactamente lo mismo que hace cuatro años utilizando el voto cautivo del miedo a la derecha. Ciudadanos que volverán a votar al partido del paro, la subvención y la mentira contable del déficit. Ciudadanos para los que dará igual la cabeza pensante que los dirija y se conformarán con las siglas que siempre desearon monopolizaran el poder…

Señor Vicente, huérfanos nos deja usted a todos los que en las pasadas elecciones le votamos. Huérfanos de padre al menos, y ya veremos si también de madre, como no aparezca el Partido en forma de dirección regional desautorizando el rebuzno que le dio por soltar el otro día, a cuenta de un 20N de hace años, y que usted parece recordar con la tristeza de quien perdió a un ser muy querido.

Hay que tener un poco más de altura de miras cuando uno desempeña la función pública, pero sobre todo, uno tiene que saber que cuando es alcalde lo es también de todos aquellos que semanalmente dedican su existencia a insultarlo por pertenecer al partido al que se debe. Quizá sea esa la lección más importante que un gobernante debe aprender para desarrollar sus funciones de una manera más o menos adecuada al cargo. Pero rebuznar…

Debería saber usted que su partido se ha pasado los últimos treinta años evitando tener que pronunciarse claramente sobre el Franquismo. Dando largas a exigencias más que justas. Circunvalando los caminos que lo llevaran a enfrentarse a un problema que parasitariamente sobrevive en el interior de un colectivo, que se ve a sí mismo centrado, pero que interiormente pervive en la putrefacción de quien sabiendo que la herida supura sin descanso, decide taponarla con una sencilla tirita seguro de que sin verla sanará por interacción divina.

Hay que ser torpe, ingenuo y obtuso para soltar semejante necedad. Y hay que serlo porque sus rebuznos, lejos de tomarse por un servidor como defectos de una mente embriagada por una audiencia exuberante, son tomados como la prueba evidente de que lo que siempre creí; el centrismo del partido al que usted representa, no fue más que un oasis, convertido en espejismo mental por mi materia gris, que poco o nada tenía que ver con la realidad que me rodeaba.

Rebuznar querido Alcalde es lo último que tiene que hacer un representante político. Y usted el otro día se lució hasta tal punto que perdió no sólo mi voto, sino el de muchos conciudadanos que al votar a su partido lo hicimos pensando en ideales moderados y no en trasnochados criterios políticos cuyos crímenes son y serán por siempre rechazados por un servidor de usted.

Y nos deja huérfanos porque aquí en el pueblo no hay partido alguno que nos represente mejor que el suyo. Ninguno de los que quedan son dignos de representar a quien no converge para nada con el pancatalanismo. ¿A quien votaré yo dentro de cuatro años si UPyD no se presenta aquí? ¿Al PSOE que nos hundió en la ciudad dormitorio en que se convirtió esta ciudad?¿Al comunismo que fue capaz de pactar con los terroristas hace unos años?¿A la coalición pancatalanista?

Ha sido usted un necio amigo mío. Un necio al que únicamente le queda la salida de la flagelación pública y la espera en el purgatorio de quienes aguardan el perdón. Tendrá usted que ganarse los votos de nuevo, porque con esos pensamientos como telón de fondo de su ideario político, muchos de los que le votamos nos lo pensaremos mejor antes de hacerlo de nuevo.

¡Dios, lo tranquilos que nos hubiésemos quedado muchos si aquel día se hubiese metido la lengua en el culo!

De verdad de la buena, ¡qué ganas tengo de poder cantar esto una vez escuchadas las noticias!