Hace años, muchísimos años, cuando la blogosfera no tenía publicidad, las Redes Sociales se limitaban al difunto MySpace y el Twitter y el facebook aún andaban viajando en la mente de unos pequeños espermatozoides llamados Jack Gorsey y Mark Zuckerberg, algunos eruditos de la blogocosa se atrevieron a predecir que sus bitácoras personales convertirían su éxito en el apocalipsis de los medios de comunicación tradicionales.

Nada de eso pasó. Los medios siguen siendo los mismos y sus bitácoras han pasado a ser un simple eco de los artículos que muchos de aquellos soñadores escriben ahora en sus odiados medios tradicionales. Hay muchos ejemplos, Wicho escribe en La voz de Galicia, Enrique Dans en Expansión y mil sitios más y tantos y tantos otros bloguers ganadores de concursos que obtuvieron con ellos su preciada columna de rigor en algún que otro panfleto…

El caso es que ha sido suficiente tener un atisbo de éxito con la revista de Orsai y sus 10800 ejemplares vendidos de su número uno, para que a Hernán Casciari le haya sobrevenido también la vena tremendista y se haya descolgado con un…

El periodismo ya no existe. Lo que hay ahora son empresas que contratan a niños mal pagados para llenar páginas, a veces hasta tienen muchas ganas, pero les falta un poco de rebeldía. Yo no quiere que me informe gente que vive con sus padres…

Y es que ya lo dice el dicho, algunos están condenados a morir de éxito. Hay que ser cazurro para vender poco más de diez mil ejemplares y enterrar acto y seguido a los medios tradicionales con sus periodistas, redactores jefe y omnipotentes maquinarias mediáticas. Yo desde luego no me lo vuelvo a creer.

Allá aquel que sea tan ingenuo como para otorgar rango de verosimilitud a tan pobre, triste y vergonzante afirmación de niño con zapatos nuevos. Espero que le vaya muy bien con el segundo número. De verdad. Y que no le pase lo mismo que a Enrique y tenga que acabar vendiendo su apocalíptica revista como si de un suplemento dominical se tratara.

Verán, me paso el tiempo diciendo en el blog que me gusta el pluralismo, la divergencia de opiniones y el respeto de la verdad en los medios de comunicación. Y va y cuando poso los ojos en la blogosfera, esa que debía ser el azote de los medios de comunicación vendidos al poder, sólo alcanzo a ver a un puñado de ciudadanos que repiten de manera constante una idea que han memorizado en tal o cual programa de radio o televisión.

Observo muchas veces que esa capacidad de crítica en las dos direcciones brilla por su ausencia. Nos creemos unos sibaritas capaces de discernir entre la inmensidad de información con la que se nos bombardea y nos arrogamos la virtud de saber defender sólo lo que es defendible. Miramos de reojo al resto y con el pecho henchido nos creemos que somos de los pocos capaces de trillar entre las verdades para sacar a la luz las mentiras.

Y resulta que vistos desde la lejanía, no somos más que meros ecos de lo que algunas pocas mentes privilegiadas han decidido vendernos como verdades incontestables. Es complicadísimo que veamos en un blog, al igual que en un medio de comunicación tradicional, un artículo en el que se ponga a caer de un burro a aquel por quien se siente una predilección confesada. Es tan complicado, que incluso creo que puede que sea imposible que ello suceda.

Imparcialidad. Inconformismo. Veracidad. Claridad. Franqueza. Seriedad. Confianza. Muchas palabras para definir una misma forma de comunicar. Un estilo de comunicación, que lejos de estar presente tanto aquí como allí, se diluye agotado entre la visceralidad, la controversia y la tergiversación de los datos.

Si. No somos tan mejores como creíamos. Tan sólo hace falta vernos desde la distancia.

Cada vez que me enfrento al parpadeante cursor del editor de blogs, mi twitter y mi Reader están solícitos a su lado. Son tres animales que están condenados a entenderse de por vida. Las únicas tres herramientas que todo bloguer necesita para poder sacar todo el partido posible a la materia gris que se esconde bajo su mata de pelo. Ninguno de los tres se solapa, y sin embargo hay uno que puede llegar a colapsar a los otros dos; Twitter.

Una cosa es tener alguna que otra conversación en twitter. Otra muy distinta es quitarle al blog los minutos necesarios para escribir un buen post, para a renglón seguido dárselos sin descaro a una herramienta que publica twits a punta porrillo.

Mi regla es simple. Primero leo blogs. Después escribo un post. Y tras ello y nunca sin cambiar el orden de los factores, le dedico tiempo al twitter mientras reviso otras lecturas del Reader.

Todo ello lo hago con los pitidos del twitter sonando constantemente de fondo. No molestan, sino que más bien me indican que por ahí fuera el mundo sigue girando sin parar. Eso sí, no los convierto en el centro de mi tiempo frente al ordenador. No mientras mi post está por escribir. No mientras aún no se sobre qué hacerlo. No sin antes leerme algunos blogs de cabecera.

Porque Twitter será todo lo bueno que quieras que sea. Te dará toda la inmediatez que necesites. Te facilitará todo lo que quieras la interacción con los demás. Pero si hay una cosa que tengo clara, es que si no eres capaz de apartarlo a un lado para escribir tu artículo como si el pájaro no existiera, más pronto que tarde tu blog será sólo una birria más de las que pueblan la ya muy empobrecida blogosfera.

Hace muchos años, cuatro o cinco por lo menos, había un gurú que se salía de la tabla en la blogosfera. Se llamaba Javi Moya y aún permanece su blog en el aire blogosférico con aquel sesudo meme como último artículo publicado en el que invitaba a la gente a compartir las vistas que desde su oficina disfrutaba.

Es curioso, pensarán ustedes, que hablemos de gurús y lo acompañemos acto seguido con la palabra meme. No se sorprendan tanto, la vida le enseñó a uno que quienes de verdad inventaron los memes fueron los que se llamaban gurús. ¿Cómo si no iban a conseguir los enlaces que les permitieran adquirir la visibilidad que tanto ansiaban? ¿Cómo si no se podrían haber permitido el lujo de convertir sus blogs en tutoriales para aprender a enlazar, cuyo último fin era que el susodicho vínculo acabara apuntando hacia ellos?

El caso es que por aquel entonces había un ranking que creó Alex (86400) en el que se dispuso a clarificar quienes de los que en aquel entonces copaban el top100 hispano de Alianzo (año 2006) ganaban dinero con sus bitácoras.

Sí, los que habéis cedido al impulso de seguir el enlace que acabo de poner, tenéis derecho a pellizcaros. Recordad que en aquel entonces el búho estaba en pleno auge y tener publicidad en el blog era poco menos que ser un vendido de la industria tradicional. La regla no escrita que se encargaban de publicitar los en aquel entonces gurúes, era que para ser imparcial había que ser completamente libre. Tiempo después cejaron en su idea y saborearon las mieles de quienes han vendido muy cara su derrota. Acabaron poniendo publicidad en sus blogs y dieron un giro radical en su forma de verla incrustada en las bitácoras.

Aquel día se pasó de la blogosfera solidaria cuyo objetivo era convertirse en el motor de cambio que propiciara una mejora de los medios de comunicación tradicionales, a la simple profesionalización de la misma. Os recomiendo, si no lo habéis hecho ya, que observéis quienes en aquel entonces copaban el top de Alianzo y quienes lo copan ahora. Los mismos, o casi, pero con una diferencia; en aquel entonces eran bloguers que querían cambiar el mundo, hoy sólo son bloguers que rezan para que su hegemonía no cambie.

Y claro, tras profesionalizarse no podían seguir creando memes. Tampoco podían seguir mentando a los medios tradicionales de forma despectiva. No en vano en un futuro era posible que más de uno consiguiera una columna en uno de ellos. No era serio. Por eso el atasco que se produjo en el último que me pasó David.

El caso es que en aquel entonces el propio Javi se jactaba de ganar dinero con su blog y se ruborizaba avergonzado por sus cálculos de lo que podría ganar microsiervos si pusiese Adsense en su web. Hasta el propio Javier Martín, de Loogic, se preguntaba sobre eso mismo aquel año 2006. Incluso aseguraba que había uno que ya ganaba más de 2000 dólares mensuales. Y allí estaban los Microsiervos, Danses y demás gurúes patrocinadores del Ad-free-blogs nadando en la miseria de las estadísticas mientras otros ganaban dinero a la gana con sus chorraditas…

Javi Moya se podría decir que fue el primer gurú de verdad de la blogosfera. No era un buen bloguer. Copiaba, no enlazaba, se aprovechaba del trabajo ajeno…y encima tenía la osadía de gritar a los cuatro vientos que ganaba dinero con su blog. Pero los que vendrían después no se quedarían atrás.

Al final, tras tanta cifra y tanto dinero ganado. Tras tanto principio quebrantado con tal de ganar notoriedad. Con tanto bloguer metido a gurú. Con tanto articulista de medio digital tradicional venido desde la blogocosa. Al final digo, todo ello, todo ese camino plagado de giros y cambios de rasante, para acabar vendiendo tu libro como si de un simple suplemento dominical se tratara.

Los gurús de hoy. Los que copan los rankings y se niegan a seguir memes. Todos ellos se vieron retratados por una de las más sonadas estafas que se ideó nunca en la blogosfera; la rubia gurú.

Aquello sí que fue la leche señores. Y de ella me acuerdo cada vez que miro lo que algunos escriben en sus blogs…

Cada vez más, sus posts, reivindicaciones, peleas y revoluciones me son más ajenas. Conforme va pasando el tiempo, me veo más excluido, alejado y fuera de lugar. A cada nuevo artículo, siento que calo en menos gente. Con cada nuevo post que leo, crece un poco más el muro que me separa del resto. A cada nuevo día, le sigue un distanciamiento progresivo. A cada noche, una concepción diferente de la vida. A cada momento, una diferencia más a la hora de reconocer las cosas importantes. A cada instante, un adiós cada vez más seguro.

La blogosfera que veo no se parece en nada a aquella en que nací. La blogosfera de ahora enloquece al ritmo de las polémicas creadas desde dentro. Sufre de taquicardias al ritmo de un chat gigante con forma de pájaro. Se expande sin control a imagen de un libro que adolece de hojas. Muere espasmódicamente al son de una canción de ciento cuarenta caracteres. La remata una repetición constante de algunos de sus latidos. La olvida escondida en abrazos de hermanos pequeños que no acaban de cuajar.

La blogosfera cada vez más vive en su propio mundo. Se revela únicamente contras las agresiones que la afectan directamente. Se distancia sistemáticamente de su realidad carnal. Se olvida del papel que debería jugar. Omite cualquier referencia al deber que está obligada a jugar. Se diluye rabiosa entre leyes que tarde o temprano deberá cumplir. Se enroca entre obligaciones que sólo unos pocos advierten a modo de profetas apocalípticos. Se abstrae de las reglas que ya están marcadas. Cae sin remedio en su propia bilis libertina.