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#freeandopen, la utopía

Larry Page y Sergey Brin

Resulta curioso comprobar cómo una gran empresa, quizás la más importante de la internet de hoy en día, es capaz de movilizarse para iniciar una campaña por la libertad de internet siendo como es una de las que más colabora con algunos países a la hora de establecer vetos, censuras y fronteras a la información.

Recordemos que en 2006 Google, la promotora del hasgtag que pone título a este post, aceptó la censura para poder competir en el mercado Chino, un mercado que resulta ser no sólo el mayor del mundo, sino además el que más crece en estos momentos con sus 384 millones de usuarios. Pero al entrar en ese mercado Google se dio de bruces con un competidor que no esperaba, Baidu, un súper-buscador a su imagen y semejanza de nacionalidad China.

Nunca pudo con ellos y finalmente tuvo que renunciar a competir por el mercado de las descargas musicales. Antes de ello, Google decidió dejar de censurar sus búsquedas y para ello decidió redirigir a sus usuarios Chinos a Google Hong Kong. A esto China respondió acusando a la empresa americana de ser un arma al servicio de EEUU. Después llegó aquel tema de los ataques cibernautas a Google desde China, su salida final y por fin la pérdida de un mercado que Google siempre ha ansiado.

Pues bien, si tan por la libertad está Google…¿porqué aceptó la censura y la mantuvo durante tantos años? Pregúntense cual deber ser la motivación de la empresa de Mountain View para impulsar éste hagstag y no se dejen llevar tan fácilmente por el buenismo que tantas veces nos ciega y nos engaña…

desaucio valencia

Estarán conmigo en que hay pocas veces en las que se pueda loar el servicio que el periodismo ofrece a la sociedad que lo consume. Pocas, entre otras cosas, porque debido a la propia mercantilización de la información, éste ha acabado sucumbiendo al panfleterío, la propaganda pagada y la sencilla supervivencia al paraguas de instancias superiores, que suelen tener sus posaderas apoltronadas en el poder político del momento.

Esto hasta cierto punto es normal. No podemos quejarnos del periodismo que tenemos, porque si dejamos de mirarnos el ombligo y decidimos alzar la mirada por encima de los Pirineos, observaremos que en todos los países civilizados en los que la libertad de expresión es un hecho, la polarización de la opinión se entrevera con la información creando así líneas editoriales que secundan a unos u otros partidos políticos.

Si en todos los países ocurre…¿porqué debería ser malo que aquí también pasara? Pues bien, lo es porque aquí pocas veces el periodismo se realiza para honrar un fin mayor que el del servilismo al partido. Los mejores periodistas se destinan a buscar confidencias de contrarios que pongan en un brete las posiciones de un enemigo electoral que, al tiempo, utiliza sus armas para hacer lo propio con ellos. Y en raras ocasiones un artículo firmado cruza la línea, que separa al panfleto político en que se han convertido, de un servicio social que de verdad informe, cree opinión no viciada, y sirva para dar visibilidad a un problema que asfixia a una ciudadanía desengañada y harta de la pelea de niños en que se ha convertido la prensa.

Pero esto se puede remediar sin mucho trabajo, aunque con mucha vocación. Y un ejemplo de ello lo tenemos plasmado en el pasado 12 de Noviembre en las páginas de El Mundo. Gracias a un artículo firmado por Noa de la Torre, una familia Valenciana recibió una llamada de un jubilado para ayudarles (según nos cuentan desde 233Grados). Bien, pues cuando el periodismo sirve para ayudar y dar luz a los problemas de verdad y además de ello consigue convertirse en un elemento necesario para solucionar los problemas que se denuncian, el periodismo, en sí mismo, acaba por convertirse de verdad en periodismo con mayúsculas.

Y entonces uno se siente orgulloso de quienes practican esa profesión…

ESPAÑA HUELGA GENERAL

Supongo que ustedes como yo estarán cansados de leer interpretaciones de la pasada huelga general. Supongo, creo de nuevo, que a ninguno de ustedes les habrá cambiado el sentido del voto, que en clave electoral, estaría en juego para los partidos. Y supongo, creo por tercera vez, que es por eso por lo que el mensaje de los partidos políticos cae en un pozo sin fondo al no ser capaces de hacer una lectura similar a la que las dos afirmaciones primeras aseveran.

Hay muchas cosas en las que los partidos políticos se equivocan y una de ellas, la primordial si me lo permiten, es que no saben interpretar lo que la sociedad en las calles les cuenta y pide.

Hagamos un ejercicio supositorio como ejemplo: yo no votaré nunca al PSOE mientras éste no sea capaz de definirse territorialmente en un sentido que me agrade. Del mismo modo, votaré al que más se aproxime a lo que a mi me gustaría que sucediese. Y sabiendo como ya se que los dos, PP y PSOE, tienen la misma política económica en la cartera y el resto de los partidos se debaten entre el populismo y la farándula, el rasgo que definirá mi voto será siempre el territorial. Por tanto, estando este tema como está con Cataluña por en medio y el País Vasco en el horizonte, es evidente que éste no se decantará probablemente hacia la izquierda.

Sin embargo llega el día de la manifestación y los convocantes se sitúan con la calculadora incluyéndome entre los que están en contra de las políticas del gobierno. Aciertan. Pero acto seguido se atreven a interpretar mi presencia allí como un claro apoyo a sus propias posiciones. Craso error. Más cuando quien aquí escribe recuerda que durante cuatro años ellos no hicieron nada para cambiar el destino invariable de la deriva económica del país cuando éste iba bien, y se dedicaron a negar la evidencia cuando nuestro Titanic económico particular tropezaba torpemente contra el cubito de hielo que lo haría hundirse sin remedio en el agujero económico-social en que se encuentra en estos momentos.ç

Así las cosas habría que recordar a los políticos que una cosa es que uno se manifieste en contra de unas políticas y otra muy distinta que decida ofrecer su voto automáticamente al contrario. Se puede estar en contra de una política económica y continuar viendo a los que están en frente como los causantes de la mayoría de los problemas que padecemos. Y eso deja una lectura más que clara de lo que servidor piensa que pasó el día catorce; enfadado y desengañado sí, pero no cambio mi voto.

Pd: Yo perdí mi empleo cuando estaba Zapatero en el poder. Tuve que sufrir la complicidad de sindicatos y gobierno para quitar hierro al asunto. Viví con estupefacción cómo el PP se negaba a apoyar aquella huelga a Jose Luís. Esta semana he visto cómo, los que ayer quitaban hierro hoy ven el apocalipsis económico en ciernes. Los que no se manifestaron por mi, me piden que lo haga ahora por ellos. Para secundar sus políticas. Las mismas que nos trajeron aquí.

Pd2: No señores, ustedes me dejaron abandonado hace cuatro años a mi suerte y sólo mi determinación y la combinación con un tanto de suerte buscada lograron que saliera del agujero en que me encontraba. Si entonces no me defendieron, no pretendan que los apoye ahora. Las mismas personas de antes son las que hoy están en el paro. Las mismas a las que ayer negaron el derecho a estar enfadados y excusaron con chorradas. Esto es que lo ustedes han conseguido con su servilismo y trilerismo politiquero.

Pd3: Ahora no lloren ni llamen borregos a quienes ya nunca volverán a tragarse sus mentiras.

desesperación

De unos meses a esta parte el blog, éste que con tanto ahínco durante años me empeñé en mantener actualizado a diario, ha ido muriendo de inanición sin que nada pudiera hacer al respecto. La llegada de Alex, el trabajo enfermizo de camionero que ocupa todas las horas del día y la semana, e incluso el hartazgo de quien desolado ve la decadencia política en que nos hemos visto envueltos sin comerlo ni beberlo, han contribuido a que la efervescencia con que me enfrentaba a la pantalla en blanco de mi Windows Live Writter haya ido desapareciendo sin remedio.

La mesa del despacho que siempre intenté mantener impecablemente ordenada para que me ayudara a, y perdonen la redundancia, reordenar mis pensamientos antes de plasmarlos en los posts, parece hoy la viva imagen de una revolución fecal. La mesa que antaño con tanto cariño intenté mantener impoluta para convertirla en el altar desde el que escribirles las homilías que a diario salían de la cabeza de este pobre demente al que algunos de ustedes han incluso accedido a considerar como amigo o conocido, hoy se ha convertido en un vertedero leal de los “después lo guardaré” y los “déjalo ahí”. He transformado lo que un día fue canalizador de pensamientos en una simple papelera con patas.

Supongo que mucha de la culpa de que esto haya pasado la tiene el desasosiego que servidor siente cada vez que tiene que plantearse hablar de lo que últimamente sucede en este caprichoso mundo. La imagen que la política exporta por doquier y que impregna cualquier texto que tenga a bien formarse dentro de nuestras cabezas para convertirlo en una simple defecación hecha letra. La posibilidad, la terrible posibilidad, de que finalmente todo aquello que pensemos no sea más que la asunción de unas ideas cocinadas en las cavernas de los aparatos políticos, que se creen para que nosotros, pobres e ignorantes mortales, las hagamos propias desdeñando lo anterior aún sabiendo que es posible que así sea, complican todavía más el asunto.

Verán, en un complicado ejercicio de introspección, he descubierto que muchas de las cosas que pensé y escribí en éste blog hace no mucho tiempo eran sandeces nacidas de la ignorancia más absoluta. Recuerdo cuando hablamos de la dación en pago y de cómo yo creía que eso no era justo para los bancos. ¡Justo para los bancos! ¡Que guantazo me merecí cuando escribí aquellas cosas! O de cómo era bueno que ganara el PP para que los mercados, que en aquellos días eran para algunos ya tiburones carroñeros y que en mi ceguera partidista continuaban siendo sencillos inversores en bolsa, acabaran asumiendo que la llegada del nuevo gobierno contribuiría de forma definitiva a esclarecer el futuro económico del país.

He cometido tantos errores al escribir en este blog y son tan evidentes hoy en día. ¿De qué vale una opinión si ésta se basa en dimes y diretes? ¿De qué, si no está nacida del conocimiento, sino más bien de la asunción de ideas ajenas al propio autor? Quedarse huérfano de partido político es tal vez una de las peores cosas que le pueden suceder a un demócrata. Si además éste era un férreo defensor del voto la cosa se complica sobremanera. Necesitar un partido político en el que depositar tu confianza y tener que observar como zozobran todos y cada uno de los que a día de hoy están en primera línea, bien porque sus anquilosados aparatos reniegan de la renovación ideológica, bien porque la renovación se acelera de forma exagerada expulsando a sus posibles votantes al ostracismo de los que se sientes ignorados, convierte a la peor de las pesadillas que podamos recordar en un bello y empalagoso cuento de hadas.

Si además a nuestro alrededor quienes en teoría deberían ser el azote y contrapeso del poder político, los periodistas, acaban por sucumbir al alineamiento ideológico, a la pinza mental sectaria y al simple vocerismo desaforado que repite hasta la saciedad las bondades de unos y calla o medio silencia sus fallas, las ganas, la necesidad y la convicción necesarias para enfrentarse a la página en blanco que al fin y al cabo son las que dan vida a éste blog, ven mermadas sus fuerzas y acaban condenadas al olvido dando la puntilla al mismo por inanición.

Esperemos que ello no pase aquí. Yo lo intentaré al menos. Un saludo.