Líbreme Dios de aparecer aquí como alguien dispuesto a defender a los Pujol, pero es que uno no puede más que poner negro sobre blanco lo que a su parecer  es una distorsión caciquista de la realidad. Una distorsión de la que suelen aprovecharse en su mayor parte los medios de comunicación sensacionalistas como el 20 minutos, capaces de publicar en grandes letras que "Oleguer Pujol golpea a una reportera al salir de casa", como si el mismísimo hijo independentista del hasta hace poco sacro santo movimiento Catalanista se hubiese bajado del coche, encarado con la reportera, y metido dos 'yoyas' en toda la boca. Lo adjuntan con un vídeo que en teoría demuestra la mala saña del 'hijísimo', y en el que tan solo se oye un 'clok' bajo, casi inaudible, que tienen que repetir en varias ocasiones para que sea apreciable al oído.

Y uno mirando las imágenes, viendo cómo el hijo de Pujol intenta hacer la maniobra para salir del garaje de su casa marcha atrás, y cómo la reportera se aposta en su ventanilla, cámara al hombro, sin siquiera entender que el coche está en movimiento, su conductor pendiente de los laterales, el culo y el morro de su vehículo, tiene la sensación de que puede que la reportera buscara unas imágenes sí, pero también pareciere que buscase el golpe para tener una noticia también sensacionalista y además seguramente aprovechable por el corporativismo vomitivo del que hace gala el periodismo de hoy en día.

Yo, personalemente, creo que en estas ocasiones habría que denunciar al denunciante y además a los palmeros que tras él se apostan reclamando no se sabe muy bien qué. ¿Quieren una causa por la que la política en este país se encuentra tan emponzoñada? Pues tienen en este tipo de periodismo a una de ellas. Por supuesto que también están la corrupción y la mentira, pero si se adereza con periodismo basura el resultado que sale es lo que hoy en día nos tragamos en este puto país de mierda.
Hay días en los que uno no sabe si echarse a llorar o a reír. Días, en los que uno hubiese querido ser el espejo en el que miles de picapleitos se miran por la mañana, para alcanzar a contemplar la cara de paletos que se les quedaba cuando se desayunan con que Marruecos ha confirmado aquello del petróleo Canario...pero en sus aguas jurisdiccionales. ¿Que a cuanto queda eso de Canarias? Unos 200km. Es más, los Marroquíes ya tienen incluso un pozo petrolífero llamado, agárrense los machos, Sidi Ifni Musa-1. Lo del '1' ya saben, se debe a que seguramente en un futuro cercano esperan tener un '2', '3', '4'...etc. etc. etc.

En días como el de hoy, un servidor aplaude. Celebra que ya que los Canarios, o al menos sus representantes y todas esas asociaciones civiles que aparentemente cuentan con tanto apoyo ciudadano, han decidido renunciar a los beneficios que podría reportar el petróleo, al menos se lo lleve crudo (nunca mejor dicho) el vecino toca-pelotas de siempre. Ese que desde hace cuarenta años nos putea por activa y por pasiva. Y lo que es mejor señores, tanta mierda con que no queremos el petróleo, y ahora se lo van a tener que comer con patatas sin que deje un solo puesto de trabajo en las islas. Curioso que esas islas, que con tanto fervor han luchado contra la extracción del petróleo, tengan un trenta y tantos por ciento de paro...

Por impuestos también salen perdiendo. Es curioso, y permítanme repetir el adjetivo, que una Autonomía como la Canaria, dependiente del estado en casi todo, no haya querido ayudar a su mantenimiento presupuestario con la extracción del petróleo.

Así las cosas, a Canarias siempre le quedará el turismo. Vivir de ser camareros, cocineros y gobernantas de Hotel, conductores de autobús, repartidores y demás oficios (yo soy camionero oigan y hablo con sapiencia de esto), que ni necesitan formación ni levantan el I-D de una región. Empleos basura los llaman.

Casi que me alegro oigan. ¿No quieren petróleo? Pues nada hombre, no lo tengamos. Que lo explote el chico de al lado que otra cosa no se si será, pero toca-pelotas lo es un rato. Y ahora, cuando levanten las vista y sobre el horizonte vean difuminada la silueta de la torre del pozo petrolífero Sidi Ifni Musa-1 con una bandera marroquí ondeando al viento, dense la vuelta hacia los populistas de sus políticos y denles las gracias.

Son unos verdaderos campeones. Felicidades.
Évole ha ido sobre seguro al invitar al señor Junqueras a una casa andaluza. Le ha puesto en bandeja al independentista el poder defenderse de las cuestiones que se le preguntasen haciendo gala de la parsimonia insultante que caracteriza a quienes, ya estando frente a la disyuntiva de la ruptura, para nada necesitan de enervos, sabiendo como saben que su decisión se hará realidad con o sin ley que la ampare. No es normal que se alabe un programa que pone frente a cuatro incultos, a un tipo versado en las batallas dialécticas de un Parlament Català que, de otras cosas no se si debatirá, pero de la independencia de Cataluña, sus motivos o la historia inventada que la rodea, escribe ríos de tinta a diario desde hace treinta años.
Foto de la golosina de Évole para Junqueras sacada del diario El País
Ha sido un traje a medida. Una golosina que Oriol ha aceptado de buena gana. Otra cosa hubiese sido que lo mandasen a casa de un Valenciano, seguramente más puesto en historia y capaz de rebatir las milongas del País Calatá que nunca existió y su pretensión de anexión de Valencia y Baleares. También, capaz de contrarrestar los cantos de sirena referentes a una unión idiomática entre Valencianos, Baleares y Catalanes, tan sólo capaz de fructificar en las hilarantes mentes de unos filofascistas, disfrazados de nacionalistas moderados, que desde hace treinta años controlan los libros de texto con los que se alecciona a cuanta generación de descendientes se preste a ser adoctrinada con la bendición de populares y socialistas. 

Aquí tendría que haber invitado Évole al señor Junqueras...aquí.
Hoy me desayuno con un nuevo término peyorativo, "social-liberalismo", destinado a quienes no comulgan con la visión que tienen algunos en el seno socialista, ya no del modelo territorial en que vivimos, cosa que comparto, sino del propio modelo de estado, y más aún, de la propia definición de socialismo. Sorprendentemente, más allá de indignarme he de reconocer que coincido en la mayoría de las cuestiones que esta mujer plantea. Aunque no en el cómo las resuelve claro.
Ana Barba, Primera secretaria de Alternativa Socialista,
co-responsable de las áreas de Mujer, Medio Ambiente y Ciencia.
Ella exige una república. Yo lo secundo. Así es, yo siempre fui más Juancarlista que monárquico. Pero si bien ella va en el camino de una república fereral, yo en cambio abogo más por una república a la francesa, centralizada, que otorgue al gobierno votado por todos los Españoles de todo el poder constitucional para exigir que todos y cada uno de los ciudadanos sea igual sin posibilidad de discriminación en cualquier rincón de España.

Es una diferencia ésta sustancial que ella no aborda. Pide poder votar una república ignorando que tal vez ahora quienes votaran no sólo quisieran hacerlo sobre el techo del poder, la forma de estado, sino también sobre los escalones intermedios, las autonomías. No es lo mismo una república a la Americana que una a la Francesa. Y sobre eso, y los sobre-costes que el autonomismo tiene sobre los bolsillos de los ciudadanos, también habría que decir algo. 

Pero claro, hay políticos que hacen de la nomenglatura misma un discurso, olvidando que el nombre no es la solución, y sí su forma. Y ataca así el periodo constituyente de nuestro país, olvidando que si bien es cierto que ninguna Constitución debe ser inamovible, también lo debe ser que su modificación eswté garantizada por un amplio consenso.

Hoy Ana Barba se luce en el diario Público. Y lo hace repartiendo a diestro y siniestro, como si fuese una infiltrada de Podemos en el partido Socialista, arremetiendo contra lo que sus propios compañeros deciden ser en votación democrática y acuñando nuevas etiquetas que acompañen al tan mentado neo-liberalismo tradicional de la derecha.

Yo soy partidario de un cambio. Pero se que vivo en una democracia y por eso acepto lo que los demás han decidido votar. Me hace eso menos demócrata que a los demás. Yo creo que no, entre otras cosas porque estando en desacuerdo con la forma de estado, no gasto mis energías enervando a mis conciudadanos para que sientan asco del país en el que viven.

Se lo deberían mirar en el partido socialista. Una cosa es estar en desacuerdo con la políticas de un gobierno democrático, y otra cargar contra el pasado inmediato de toda una nación en un intento de destruir cualquier legitimación democrática que pudieran tener las últimas elecciones legislativas.
París y Berlín, o lo que es lo mismo, Francia y Alemania, han dado un paso más en la inevitable cohesión Europea al anunciar, que de hoy en adelante, sus embajadas podrán representarse mutuamente en algunas cuestiones de carácter internacional cuyo interés mutuo quede acreditado. Eso, que pudiera parecer nimio, es a mi entender un paso de gigante de integración política que va más allá de lo que pudiera representar una unión bancaria europea al uso, como la que desde hace unos años se demanda desde los sectores más críticos a los recortes de gobiernos y administraciones, ya que si bien ésta última trataría tan solo problemas económicos, la decisión de los gobiernos Francés y Alemán camina en la verdadera dirección de una unión política europea real y efectiva.

Una unión política europea atajaría eficazmente problemas como el Catalán, cuya ciudadanía, puesta ante la disyuntiva de ser europea o catalana, debería repensarse aquello de ser diferente para todo y quedar fuera de una Unión Eropea, dentro de cuyas fronteras serían absurdos los nacionalismos ya que serían cosa de pasado, o admitir que el tiempo de la diferenciación absurda e inventada ha terminado.

Por mi, yo preferiría que persistieran en su obcecación. Nunca me gustaron los que sólo buscaron diferencias para permitirse poder mirarte por encima del hombro. Y en eso, los Catalanes, son los maestros del mundo mundial.
Lo que le ha pasado a Podemos en Llaurí con su representante es normal. Nadie debiera aceptar apoyar a otro por un discurso bonito predicado en el momento preciso. Y menos aceptar que cualquiera que se presente como candidato a representante es válido sin siquiera conocerlo. Es verdad que el oscurantismo que caracteriza a los partidos tradicionales puede y debe provocar rechazo en quienes creemos en una democracia directa, pero también lo es que ese mismo encorsetamiento al que se someten ellos mismos puede protegerlos de espectáculos ridículos como el que la formación de Pablo Iglesias ha protagonizado en Llaurí.

Tiene razón el equipo actual de Podemos cuando se niega a que en la ejecutiva aparezcan miembros designados por sorteo. La misma elección de los simpatizantes de Llaurí anula una de las pretensiones estrella de los partidarios de Echenique.
Dicen, y creo que es cierto, que el mundo cibernauta se ha venido a convertir, con la aparición de las redes sociales, en una especie de 4Chan gigantesco que imposibilita el acceso a la información veraz y de calidad que tantas veces pedimos y defendemos. Internet en sí mismo se ha convertido en un viral omnipresente que logra emponzoñar a golpe de hagstag cualquier intento de razonamiento objetivo. Cualquier dato relevante que pueda aparecer en el espectro informativo capaz de truncar la verdad universal del publico que en ese momento habla del tema a través de las redes sociales, tenderá a caer en el olvido de inmediato, o en su caso, será ninguneado con insultos y aspavientos hacia quien inocentemente crea necesaria su difusión.

Algo así, a mi modesto entender, pasa con el terremoto informativo que desde ayer ha desatado el contagio por ébola de una de las enfermeras que asistieron al último de los misioneros, que con la connivencia de todos y cada uno de los partidos políticos en su momento, fueron repatriados a España para que pudieran morir en casa. Y digo que algo así pasa porque entre toda la información, demagogias y peticiones de dimisión que se leen por las redes sociales y los medios de comunicación, se obvia uno de los datos a mi entender más importantes del caso en cuestión; la señora estuvo seis días con fiebre deambulando por Madrid y los médicos a los que acudió para que le hicieran la prueba del ébola se negaron a hacérsela porque no llegaba a los 38'5ºC.

Ese dato es objetivo. Pasó. Si la verdad es ésta...¿Porqué pedir la dimisión de la ministra y no la de los médicos que se negaron a hacerle la prueba? Hay que recordar que estamos ante un virus de alta tasa de mortalidad, introducido en España en virtud de un cálculo electoralista de todos los partidos y del que a mi parecer son culpables de favorecer su propagación los médicos que se negaron a hacerle la prueba a la enfermera, aún sabiendo que había estado en contacto con dicha enfermedad.

¿Que por decir esto ya estoy desautorizado porque soy un derechoso del pp? Bueno, en su conciencia queda eso de criminalizar a quien les conviene, en vez de sopesar cuánta culpa pueda tener una mujer, sentada en el sillon del ministerio, cuando los que trabajan por debajo de ella juegan tan alegremente  al 'sorpresa sorpresa' con la salud de los ciudadanos entre manifestación y manifestación de mareas blancas...
Al final va a ser cierto lo que siempre supusimos. Vivimos en democracia. Aunque la mayor parte del tiempo nos veamos arrastrados por la vehemencia de quienes hastiados de no conseguir el modelo de país que sueñan, se empeñan en desvirtuar el pequeño tesoro que tenemos proclamando que existimos en una especie de segunda parte de la dictadura franquista. Incluso quienes se empeñan en poner el acento en aquello de que PP y PSOE son la misma cosa, y que con esas siempre han mandado los mismos en los cuarenta años de democracia que llevamos, quedan desacreditados al observar unos resultados electorales que por primera vez han propuesto una foto fija que acaba con el bipartidismo. Y eso sin que haya mediado revolución bolivariana alguna de por medio. Un cambio impulsado por el voto activo de quienes hasta hoy sencillamente decidieron no jugar al juego democrático y por ende, personalmente erijo en únicos culpables de la perpetuación de según que políticos en el poder durante todos estos años.

Ahora por el whatsapp me llegan unas cuantas imágenes de burla con motivo de la abdicación del Rey. Más motivos pues para reconocer que sí vivimos en una democracia y que lo que algunos iluminados nos cuentan, día sí y día también, no es más que producto de la rabia que les reconcome al entender que sencillamente se mantienen alejados de las cotas de poder, únicamente porque no han conseguido convencer a quienes tienen como potestad poner y derrocar gobiernos; los ciudadanos que activamente ejercen su derecho al voto. Porque como se ha demostrado en las Europeas de hace una semana, no ir a votar, abstenerse, o votar nulo, lejos de regenerar la política lo que provoca es un emponzoñamiento cíclico letal para las instituciones. Seguramente habrá mucho voto prestado socialista en Podemos, pero también hay una mayoría que antes de su aparición iría destinado a la abstención. Y esa es una lección que muchos en este país no deberían olvidar.
No hay nada más triste que contemplar cómo la libertad de expresión mal entendida se torna objeto de debate público. Nada más horrendo que descubrir cataduras morales pestilentes de boca de personas que creías por encima de dicha escoria. Nada mas descorazonador que verse obligado a leer justificaciones de un acto injustificable. Nada más vil que escuchar un 'pero' tras la verbalización de la condena de un asesinato. Si de esta semana dependiera mi permanencia o no en las redes sociales, ésta sería sin lugar a dudas la última que pasara por aquí.

Una vez vi en la red una forma de cambiar el mundo. Hoy creo que su única victoria reside en facilitar el eco de la degradación humana hecha verbo. Desde siempre supe que cualquier frase que contuviera un 'pero' en su ecuador indicaba que lo importante, el verdadero mensaje que se pretendía transmitir, venía justo tras él. Esta semana he aprendido que ese 'pero', además, puede advertirnos de la llegada de un berrido inhumano.

Nunca creí compartir mi vida cibernauta con monstruos. Hoy se que la crueldad es capaz de esconderse tras una conjunción adversativa, igual que la escoria se puede disimular tras un perfil en las redes sociales.
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La bondad



Todas las mujeres del mundo fueron creadas para ser hermosas. Visto el vídeo siguiente, a la frase le podemos añadir la coletilla de que al menos algunos hombres también nacieron con esa gracia divina. La humanidad rezuma por nuestros poros aún cuando tendemos a darla de menos. En el momento justo, en el lugar señalado, siempre tenemos la posibilidad de optar por la decisión más humana posible. Y esa es al regla que todos nos deberíamos aplicar de hoy en adelante.
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Hay que ver

Hay que ver lo tantísimo que necesité antaño de este lugar y lo poco que lo frecuento desde hace un año y medio pasado. Supongo que debe ser que comprendo que mi lugar en el mundo está ahora no aquí, debatiendo y litigando con  lectores y amigos, sino disfrutando con los alucinantes descubrimientos que continuamente sorprenden al renacuajo de la casa. No es que no tenga cosas que decir. Tampoco que me mi amor por el blog esté sucumbiendo a la rutina. Sencillamente creo que mi unopuntocerismo, por una vez al menos, ha derrotado al dospuntocerismo que durante estos últimos años se erigió en estandarte de un servidor. Y para muestra un botón;



¿Lo comprenden ahora?
La confusión y la tergiversación de los hechos suelen ser los dos pilares sobre los que se sustentan los gallineros políticos a los que últimamente las televisiones nos tienen acostumbrados los fines de semana. Programas enteros capitalizados por panfleterismos desvergonzados que orgullosamente reniegan de la verdad en busca de un aplauso maquillado que les de rédito en sus egos dospuntoceristas. Voceros sin excusa de una forma de ver y entender el mundo que mana de la propia política que deploran, pero de la que se aprovechan para alimentar su aura populista. Maestros del rodeo para abordar cualquier tema con la técnica del despiste aseverativo consistente en sacar temas ajenos al debatido para ganarse un aplauso pactado de un público figurante que no hace más que responder a los carteles de 'silencio' o 'aplauso' que el regidor de turno planta frente a sus narices.

No hay nada mentalmente más nocivo para cualquier ciudadano que tomar la santa determinación de aposentarse en el sofá para ser testigo del desarrollo de uno de estos programas intentando sacar conclusiones sensatas de una oligarquía de opiniones plasmadas en gritos, rebuznos y memeces varias. No existe forma más rápida y eficaz de eliminar cualquier atisbo de esperanza en la posibilidad de regeneración política de un país que aquella en la que se incluye la necesidad de escuchar a necios para formar opiniones propias.

Intentar sacar conclusiones válidas, razonadas y moderadas de un debate de los de esta calaña es, además de improbable, imposible. Confiar en que alguna vez esto cambiará...inocente.


Ha llegado la hora de la pose, la foto fija que tanto anhelan nuestros políticos, del buenismo desmesurado que convierte a personas que simplemente cumplieron con su deber, en guardianes perpetuos de un bien universal convertido en deuda que nunca seremos capaces de saldar. La hora en la que inclusive los enemigos de antaño proclaman alabanzas hacia quienes en vida únicamente dedicaron bilis, veneno y rabia. En los que el perfil de todos queda retratado en multitud de entrevistas tendentes a apuntarse el tanto de una supuesta confianza que la otra parte es incapaz de confirmar.

Es curioso ver cuanto cínico se suma al festín de las alabanzas. Cómo, pasmados, ven pasar de largo el tren de su momento en disputas inútiles. Cómo, en días como éste, pierden el tiempo rememorando un pasado que no arregla el hoy. Cómo, para los políticos de hoy, las lecciones del pasado no son más que papel mojado en la memoria. La memoria de todos. La memoria de Adolfo.

Al parecer y siempre según las últimas noticias, tan sólo el siete por ciento de los ciudadanos de Crimea está optando por la restauración de la Constitución de 1992 y continuar siendo Ucranianos. El resto, un noventa y tres por ciento, parece que ha decidido ser Ruso. Mirando un poco más hacia occidente, encontramos dos regiones más que se debaten entre la secesión y la opción de redefinir los lazos que las unen a los países a los que pertenecen en estos momentos. Al mismo tiempo todas se distancian las unas de las otras evitando similitudes que las puedan perjudicar en sus pretensiones. Y aún así, las tres consultas dejan un regusto amargo en todo convencido demócrata que se precie.

Leía hace un rato en un tuit que ya no he conseguido recuperar, algo así como que todos los referendums que nos parecen ilegales son precisamente los que tienen más probabilidades de obtener un resultado contrario a nuestros intereses. Era el tuit un resumen magistral de las frustraciones a las que, en estos tiempos de consultas y referendums, se debe enfrentar todo buen demócrata que se precie. Una especie de opa hostil contra uno mismo que todos deberíamos realizarnos para descubrir hasta qué punto somos capaces de razonar las consignas que tan alegremente proclamamos cuando creemos que alguien nos escucha.

En un mundo en el que la democracia se escribe en mayúsculas, donde la ciudadanía participa directamente de la política, en la que la voz del pueblo puede ser escuchada en una urna, ¿Con qué autoridad moral se puede denegar una consulta?¿Y cómo justificar dicha negación ante un más que probable resultado contrario a nuestros intereses? En un mundo en el que el relativismo es funcional y suele estar orientado según el viento predominante del momento, oponerse a preguntar y aceptar su resultado pueden ser las opciones que maneje un mismo partido en función de por donde vea que le caen los tiros. Da igual sin uno es contrario o no a una consulta, siempre hay tiempo para recular y optar por el camino contrario.

Para un demócrata convencido es un poco más complicado. El laberinto jurisdiccional al que los políticos dirigen sus proclamas choca directamente con la simplicidad de una pregunta, ¿qué va antes, el deseo del pueblo o la ley que conforma su ordenamiento jurídico? Tanto los que proclaman el dominio de lo primero, como los que hacen lo propio con lo segundo, tienden a enzarzarse en guerras dialécticas sin fin. Conversaciones de besugos que no hacen más que fortalecer a los partidos políticos que instigan esas luchas ciudadanas y que han encontrado en las Redes Sociales un caldo de cultivo primigenio inigualable para expandir sus diatribas a una velocidad de vértigo.

Ante un referéndum que se propone fuera de la ley pero que acaba en un resultado como el Crimeano poco o nada puede hacer un ciudadano que ama la democracia. Tanto estar a favor de éste como en contra, traiciona alguno de sus principios elementales. Pero no es este un problema del ciudadano que se ve arrojado a los brazos de este dilema democrático, sino más bien de los políticos que cegados por el poder arrastran a sus compatriotas a encrucijadas que difícilmente pueden tener una salida democrática al uso.

Con toda la sabiduría que la humanidad ha atesorado a lo largo de los milenios que ha permanecido sobre la faz de la tierra, aún no ha sido capaz de responderse a la pregunta de qué fue primero, si el huevo o la gallina. Con una consulta formulada de forma ilegal pero que acabara con una victoria aplastante en favor de la independencia pasaría lo mismo. ¿Qué sería más democrático, aceptar el resultado u obviarlo por no ser conforme a la ley?

Piénsenlo. No es sencillo ser demócrata en estos tiempos de consultas y referéndums...
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En un mundo ideal

Con el paso de los años, los partidos políticos han aprendido a jugar con la memoria de pez de los ciudadanos. Con ello han conseguido sacar rédito de los errores de sus contrarios. Han descubierto asombrados que pueden presentarse como solución, aún cuando ellos han podido ser parte del problema original. Han exhibido de manera insultante una inexistente capacidad para la regeneración programática, social y humana, que los ha anclado en un punto indeterminado de la deyección humana. Han convertido algo hermoso y eficaz como lo es la democracia en un cortijo a turnos rodeado de vayas pensadas más para evitar que se salga del cercado que para impedir que se entre en él.

En un mundo ideal imaginado por los actuales políticos, tanto la salida de la crisis como el hundimiento en una continuación asfixiante de la que ya padecemos, darían como resultado su propia perpetuación en el poder. Unos y otros desde siempre se han turnado para gobernarnos. Y aunque haya podido parecer que han buscado la destrucción de sus oponentes con sus acusaciones de corrupción, lo cierto que se han perdonado siempre la vida en el último suspiro. Se han dejado a propósito vías de escape desde las cuales permitir que el partido que había hincado al rodilla en el suelo cogiera el suficiente aire para recuperarse del golpe a tiempo. Han propiciado las bocanadas de aire mutuas necesarias para asegurarse la alternancia.

Tal vez en ese mentado mundo ideal la jugada les saliera tal cual creen. Pero me temo que aún no son capaces de vislumbrar el terremoto democrático que se les avecina. Creo que aún no aceptan que las mayorías consolidadas de las que han disfrutado durante estos años se han hecho añicos con esta última crisis. Que la llegada de las nuevas tecnologías, el acceso ilimitado a la información o la eclosión de las Redes Sociales y la forma en la que éstas han permitido que los ciudadanos interactúen entre ellos, han cambiado radicalmente el presente que aún creen pasado.

En el mundo ideal en el que viven los políticos de hoy en día, la salida de la crisis daría como vencedor a Mariano, del mismo modo en que el alargamiento de la asfixia económica convergería para que Alfredo sucediera al primero. En mi opinión, debido al descrédito al que a diario la sociedad de la información y la tecnología  los someten, dudo que cualquiera de los dos pueda declararse vencedor de nada que no sea el más estruendoso de los descalabros políticos de los que la historia ha sido testigo.

Imaginemos que no hemos visto el vídeo. Olvidemos las coreografías o las vocecillas de las cantantes. Centremos nuestro recuerdo en la banda misma. En su música y el delirio al que nos evocan los gritos y la efusibidad del público asistente al concierto. No me digan que no impresiona.

Ale! Hasta aquí ha llegado el momento 'NoPuedoCerrarLaBoca' continúen con lo que estaban haciendo jejeje


La ficción, por decirlo de una forma suave, con la que ayer nos deleitó el amigo Jordi ha causado estragos entre la fauna opinadora del país. Ayer se demostró que hay dos tipos de personas, las crédulas y las menos crédulas. Las primeras, las crédulas, descubrieron precipitadamente el lugar exacto en donde se encontraba el botón de borrar de su twitter.  Para desgracia de algunos, como Beatriz Talegón, no lo suficientemente rápido. Para las segundas, las menos crédulas, fue un shock que acabó en delirio humorístico mientras se deleitaban observando las 'marcha atrás' forzadas por los acontecimientos que protagonizaron las primeras. Incluso que experimentaron la vergüenza ajena al comprobar cómo gente formada y supuestamente informada se deslizaba sobre una ola ficticia sin darse cuenta del talegazo (pongo el paréntesis para acentuar el guiño humorístico jejeje) que se iban a pegan en unos instantes.

También ha demostrado la Operación Palace de Jordi algo que a mi me entristece sobremanera; la facilidad con la que una inmensa mayoría de ciudadanos somos capaces de interiorizar una fantasía cualquiera si se hace de la forma adecuada. Jordi tenía la certeza de que su prestigio le bastaría para urdir el plan. Aún así, decidió sumar a la pantomima una cantidad, quedemos en que cuanto menos sospechosa, de periodistas que estarían al tanto del circo del 23F y por consiguiente del que se iba a montar ayer por la noche y que permanecieron sorprendentemente discretos hasta el mismo fin del falso documental. Sin decir ni pío, nunca mejor dicho. Y ahí está lo peligroso; periodistas que permiten que una mentira sacuda una sociedad entera, y que viéndolo en directo a través de las redes sociales, permanecen en silencio mientras disfrutan del placer que parece les debió provocar la traca final del reconocimiento de la mentira.

Otra cosa que ha demostrado el documental es que más información, más interconectividad, o más globalización informativa, no son sinónimos de calidad en la información. Menos cuando ésta necesita del artificio del hagstag para canalizar la opinión, la ira, o el aleccionamiento que el arte de opinar suelen generar en los consumidores de dicha modalidad del periodismo.

Ayer Jordi nos trolleo a todos. A unos más que a otros. Pero por encima de todas las cosas, nos demostró que muchos de los que están abonados a las tertulias, no saben más que el resto de los mortales acerca de las cosas sobre las que día a día sientan cátedra. Ayer historiadores, periodistas y políticos, reputados todos, convirtieron un fake de Évole en trending topic y exclamaron a los cuatro vientos que era verdad lo que sencillamente Jordi se había inventado la mañana anterior. No les hicieron falta datos ni documentación al respecto, lo decía Jordi y por tanto era verdad.

Solo por eso, por lograr desenmascarar a todos esos chupópteros, tengo que felicitar a Jordi Évole . Sólo por eso, a mi humilde entender, queda justificado el falso documental.
Esta semana me he reído mucho a cuenta de la compra de Whatsapp por parte de Facebook. Y es que al conocerse la noticia no pude más que recordar a todos los usuarios sabiondos, yo incluído, que defendieron durante años la necesidad de diferenciar muy bien entre lo público y lo privado en las redes sociales. Ya saben, aquello de no publicar en las RRSS lo que ni por asomo te atreverías a confesarle a un completo desconocido. El tuit de Virginia Alonso fue el detonante de la más gutural de mis carcajadas...

Con la compra de whatsapp, Faceboock tiene acceso no sólo a las fotos y comentarios que colgamos en su red, sino además ahora a nuestras conversaciones más íntimas, nuestra geolocalización sin necesidad de que nos lo pida, o nuestro número de teléfono sin ir más lejos. Y todo eso lo guardará en un servidor perdido de la mano de Dios, no lo duden, del mismo modo que Google guarda todas nuestras búsquedas en tal cual otro servidor escondido, inclusive las que hacemos de incógnito. ¿O es que aún son tan ingenuos que creen de verdad que el macro buscador va a renunciar a los datos que le pueden proporcionar las búsquedas más privadas que podamos hacer con él?

Hoy no puedo más que reírme de mi mismo y de todos los que durante años de desgañitaron pidiendo que fuéramos responsables a la hora de utilizar internet. Ahora da lo mismo lo que hagas y las precauciones que tomes, todos saben lo que haces sin necesidad de pedirte permisos. Les basta con revisar tu actividad en sus servidores...Ay privacidad! Dónde estás que ya no alcanzo a encontrarte!
La inmigración es un tema espinoso que obliga al ciudadano a enfrentarse a un dilema moral. La aceptación de unas leyes que restringen la entrada y salida de ciudadanos del mundo, o la apertura de fronteras sin pensar en el coste económico y social que dicha decisión supondría en un futuro cercano. Ambas dos decisiones tienen pros y contras, pero sólo una es aceptable si ponemos nuestra propia humanidad por delante de nuestro interés particular. Y aún así, no podemos olvidar que tal vez el mismo debate que se abre con las dos primeras líneas de este post, no sea nada más que un efímero equívoco motivado por la omisión de la realidad informativa; nosotros, como ciudadanos Españoles, no podemos ser los responsables de la migración de todo un continente africano sumido en la hambruna, la corrupción y el tercermundismo.

Es cierto que las fronteras africanas de nuestro país son nuestras. Pero también lo son de la Unión Europea. ¿Qué pensarían los Alemanes si en lugar de defender nuestras fronteras, dejáramos pasar a todos los inmigrantes y acto seguido les fletáramos autobuses para, como buenos europeos, repartirlos por sus ciudades y así compartir la carga social que representa la inmigración africana? Seguramente no estuvieran muy de acuerdo. Y tal vez fuese ese toque de atención el que muchas democracias europeas necesitasen para enfrentarse de verdad al problema que nos asedia y que tan demagógicamente despachan desde miles de kilómetros de distancia. 

No podemos flagelarnos tan solo por vivir cerca de una frontera convertida en acantilado humano. No podemos fustigarnos por cuestiones que como ciudadanos están más allá de nuestra capacidad de acción. No podemos y no debemos someternos a la insidia de convertirnos en culpables del hambre de otros. Humanamente no podemos recriminarnos vivir donde nacimos, aunque sí exigir que quienes nos gobiernan hagan llegar las ayudas que nuestros países, o sea nosotros con nuestros impuestos, ofrecen a los países en desarrollo lleguen a su destino íntegramente.



Antes de preocuparnos en buscar culpables entre nuestra propia gente, deberíamos poner el punto de mira no sólo en los gobernantes de los países de procedencia de quienes desfallecen a las puertas de nuestro país, sino también deberíamos poner el ojo en las organizaciones mundiales responsables del reparto de esos fondos para el desarrollo y en quienes deberían asegurarse de que cada kilo de arroz, leche o verdura que se enviara para combatir el hambre llegara a los estómagos de los que padecen las hambrunas y no a almacenes gubernamentales que después venden dicha mercacía a sus propios ciudadanos.

Humanamente debemos revelarnos por lo que ocurre, pero debemos preguntarnos a nosotros mismos qué nivel de responsabilidad estamos dispuestos a asumir y cual le hemos de pedir a los que realmente sí tienen capacidad de acción para afrontar este terrible problema.
Siempre que sale a debate aquello de la 'Democracia participativa', de la que Suiza es abanderada destacada en todo el mundo, solemos recrearnos en los aspectos envidiables que a nuestro parecer, desde la perspectiva de quienes sufrimos el parlamentarismo representativo, creemos irrenunciables por todo buen demócrata que se precie. Lo malo, como ha ocurrido recientemente en Suiza, es cuando esa misma utopía democrática en la que nos querríamos ver reflejados, nos lanza un estruendoso rebuzno que nos deja pasmadamente mudos.

Entonces es cuando uno se divierte ante la visión de unos tertulianos en fuera de juego que han de convertir lo que ayer fueron alabanzas en síntomas de decadencia democrática. Es en esos momentos cuando uno no puede más aplaudir a quienes sin reconocer nunca sus errores ponen en solfa los de los demás. Los mismos que añoran una democracia participativa en este país son capaces de limitar esa participación a conveniencia. Y uno, defensor de dicho tipo de democracia, no sabría decir en estos momentos si ellos son una compañía segura en este viaje reivindicativo...
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Americanos

Estamos acostumbrados, en este país de pandereta en el que vivimos, a regirnos por tópicos normalmente despectivos cuando nos referimos a los Americanos. Solemos decir que se creen la policía del mundo, que están por encima de los demás, o que no toleran someterse a ninguna ley que no sea la suya. En cierto modo esos tópicos son ciertos, ¿pero son malos? Yo no lo creo. Baste mirar a nuestro alrededor, y más en concreto a nuestra justicia, para tener que reconocer que al final algo de razón no les falta al pretender evadirse de ella. Y si al someternos a escrutinio cruzamos nuestra vista con la de la 'política' que padecemos no podemos más que echarnos a llorar. Pero no olviden que la política comienza con los ciudadanos. Y son éstos el caldo de cultivo que propicia los políticos que los gobierna. O por decirlo matemáticamente hablando; El grado de inutilidad política es directamente proporcional al de la ciudadanía que la sustenta.

Tal vez no les suene el nombre de 'Capitán Philips'. Este hombre era el capitán de un barco mercante llamado Maersk Alabama. Supongo que eso ya les suena un poco. Ese barco fue asaltado por piratas Somalíes en Abril de 2009 y al susodicho lo cogieron como rehén. La armada Estadounidense acudió en su rescate. El jefe de los piratas fue engañado con una supuesta negociación, subido al barco de la armada y más tarde detenido. Sus tres compañeros fueron acribillados en la liberación de su compatriota. Hasta ahí podríamos decir que estamos hablando sobre una película de ciencia ficción. Pero, suele haber muchos 'peros' últimamente en el mundo, hay veces en que la realidad la supera la imaginación del más cualificado guionista de Hollywood, para darnos de frente con que eso que creíamos sólo posible en las películas ha pasado de verdad. Aquí tienen la noticia.



Lo curioso del caso es que fue el Nobel de la Paz, otrora salvamundos de la izquierda y parte fundamenteal de aquel supuesto tridente que devolvería la razón a un mundo excesivamente derechizado junto con Hollande y cualquiera que fuese el representante Español que los acompañara, el que desde su despacho, al igual que con Osama, dio la orden de asesinato sin juicio previo. Una maldad, lo se, pero una que está recubierta de una verdad incontestable.

Pero no quiero que se me dispersen con estas maldades que uno es incapaz de acallar. El caso es que contemplando la forma que tenemos por aquí de afrontar lo que sucede en nuestras fronteras y viendo cuán sencillo es para algunos demonizar a nuestra policía, uno desearía que esos malditos Americanos nos invadieran de una puta vez. Al menos así nuestros pescadores saldrían a faenar tranquilos. Tendríamos unos políticos que no estarían encadenados a encuestas de mierda teledirigidas por tipos que serían capaces de hacer pasar hambre a sus familias con tal de no dejar de ser de izquierdas. Y nuestro ejército al fin podría hacer algo para lo que actualmente se entrena en vano, defendernos de las agresiones de otros.

A mi no me nace ser tan putrefactamente correcto como a algunos que ven la paja en ojo ajeno sin verse la viga en el suyo propio. No soy tan cínico como para escribir cosas de las que después me desentiendo. No soy una simple pose. Lo malo es que los que sí tienen visibilidad en la red sí lo son. Y eso es lo que favorece que tengamos unos políticos acomplejados como los que padecemos. Se creen su azote, pero en realidad son su excusa para continuar siendo políticamente correctos. Una mierda vamos!
Hay muchas formas distintas de escapar de la realidad. Maneras de distanciarse del mundo sin abandonar la comodidad del sofá de casa, la silla que siempre espera frente a la mesa del ordenador, o la pantalla del smartphone de turno. Una de ellas se encuentra en Youtube. Uno puede quedar gratamente sorprendido por la cantidad de arte que se puede esconder tras ese título y descubrir la ingente cantidad de seres humanos capaces de hacer cosas extraordinarias desde el más absoluto anonimato derrochando arte a capazos desde la llaneza del simple disfrute.

Puede uno sentirse tentado a creer que el mundo gira en torno al periodismo, la política o la economía y de golpe y porrazo encontrarse, a causa de un artículo de Ruben para Jotdown, navegando de deleite en deleite mientras olvida qué era lo que estaba decidido a escribir en su blog. Reencontrarse con la belleza del mundo a golpe de acorde y reconocer que hay mucho más por vivir fuera de las cuatro paredes que forman este cuarto desde el que les escribo.

Tiendo a creer que el mundo es política porque es ésta la que nos impone los impuestos, las derivas sociológicas de turno y la que condiciona el devenir de los ciudadanos en última instancia. Y así es en cierto modo. La política lo es todo. Pero es misión de cada uno de nosotros el encontrar los recovecos, las grietas, las esperanzas. El mundo, antaño gigantesco e inmenso, se ha tornado en simple aldea por la gracia de Internet. Aprovechémoslo mientras podamos.

No ha sido para mi un problema olvidar eso que quería escribir. Creo, más bien, que ha sido un placer.
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#Periodismo largo y explicativo

En los tiempos que corren es normal sentirse engañado. La paupérrima economía que nos hostiga es la culpable. Las noticias que nos despiertan a diario también. Y, duele decirlo, quienes se encargan de informarnos han acabado por convertirse en parte del problema. Y es que la vieja esperanza que deparaba un futuro de libertad con la llegada de internet se ha ido al traste con el desembarco de los periodistas más punteros en el circo del 'a ver quien la tiene más larga' que tejen las redes sociales.

Cada vez admiro más a los periodistas que reniegan de internet. Ellos al menos no sucumben al pecado de la velocidad, cuando de contar cosas se trata, ni recortan la prosa, antaño necesaria para contar un suceso, ni compiten con pajaritos azules dejando los detalles para otros y escribiendo con punta gorda lo que en otros tiempos hubiere necesitado de una muy fina que se perdiera entre los recovecos más recónditos de lo que hoy no pasa por más que un simple titular.

Es como si el periodismo hubiese perdido la batalla de los artículos largos, farragosos y eternos, que con los años adquirían el poso de las historias bien contadas, las exposiciones de los hechos bien estructuradas, y la ausencia de sensacionalismos sentenciadas. Las antípodas de lo que hoy podemos encontrarnos por ahí.  Un periodismo explicativo que huía del sensacionalismo, del mensaje relámpago, y apostaba por el conocimiento en lugar de la visceralidad.

Jot Down sería un ejemplo de lo que hecho de menos...
La cuestión Catalana es una muestra más de hasta qué punto la indefinición puede copar las más altas esferas políticas. En un mundo en el que las ansias independentistas de unos pudieran ser aceptadas por los otros, las ambigüedades que tan gustosamente nos regalan nuestros políticos carecerían de razón de ser. Quedarían privados del poder con el que nos someten a diario. Dejarían de tener un discurso con el que apabullarnos, amedrentarnos y someternos.

En ese aspecto el PSC se acerca a su tensión de rotura. Un partido que como ninguno ha hecho de la indefinición su bandera y ha regalado los oídos de unos y los contrarios con manifestaciones contrapuestas que le han permitido estar, cual rareza cuántica que se precie, en los dos rincones del cuadrilátero y al tiempo hacerlo parecer no como una ambigüedad, sino como una primordial capacidad para el diálogo.

El PP por su parte está llegando a la suya propia. La aparición de VOX es la prueba. Un partido que gana las elecciones con un programa electoral y que aplica el que tenía escondido bajo la mesa camilla en la que se calentaba los pies de barro que le han aupado al poder. Un partido que haciendo de la necesidad virtud abocó a millones de Españoles a la pérdida de derechos laborales y sociales mientras salvaba bancos, concesionarias de autopistas e indultaba asesinos como en de l'Alcudia.

Y aún así los aparatos de estos partidos saben que mientras la ciudadanía vote como ha votado en estos treinta años, su poder distará mucho de quedar aniquilado. Hoy en día, al menos hasta las últimas elecciones efectuadas, hubiese dado igual que en lugar de Rubalcaba o Rajoy hubieren aparecido como cabezas de lista sendas dos cabras, los votos hubieren sido los mismos.

Eso parece que va camino de cambiar. Pero no cantemos victoria puesto que si uno mira detenidamente las estadísticas podrá comprobar que sólo dos millones de Españoles han sido los artífices de los cambios de gobierno en este país. Esperemos que esta vez seamos más.

Hay días en los que a uno le place reanudar viejas batallas que abanderaron durante años este blog. Batallas, perdidas las más de las veces, que por suerte un enamorado de las herramientas dospuntoceristas como Marcelino ha mantenido vivas y vigentes durante estos lapsos de tiempo de silencios injustificados. También de los silencios de ustedes. 

Conforme van pasando los años, uno acierta a advertir la soledad, la cruel sensación de soledad, que pudiera padecer un ciudadano, que como él, se sumergiera en una lucha tan agria como la que representa la denuncia de la inacción de las grandes empresas en todo lo relacionado con los delitos sexuales contra menores. La incomprensión y el cansancio de los lectores de toda la vida, que han acabado escandalosamente hastiados de una redundancia en el contenido de un blog llevada al extremo. La ingenua intolerancia de quienes no han llegado a comprender que esa lucha no es en beneficio de la persona que se adivina tras su fotografía y firmas, sino más bien en el bienestar de miles de niños anónimos, indefensos, que día a día quedan atrapados en las zarpas de depravados sexuales que los explotan y marcan de por vida.

No alcanzo a imaginarme cuan sólo se debe sentir Marcelino. Cuánto desprecio ha podido llegar a sentir tras su cogote con cada artículo publicado. Cuan amargo puede ser el transcurrir de los días en la soledad de una batalla perdida de antemano ante multinacionales que se saben a salvo de culpas tras una maraña de leyes que las encubren, protegen y legitiman.

Puede que este tema sea ya añejo para muchos de ustedes. Es una pena que piensen así. La velocidad del mundo que nos rodea nos impide ver que en realidad el tormento de estos niños y la utilización por parte de sus verdugos de esas redes sociales que tantas veces alabamos, convergen al mismo tiempo con el momento en que nosotros las utilizamos para nuestro entretenimiento. ¿No es curioso? Ahora, mientras mi Twitter publica una reseña de mi post, un malnacido publica, también en la red del pajarito, un vídeo en el que enseña como viola a su sobrino mientras otros lo marcan como favorito, le piden más material o se hacen seguidores mutuos.

En fin, piénsenlo.
Siempre hay un punto de inflexión en el que cualquiera es capaz de cambiar su forma de pensar. Un punto en el que sin necesidad de traicionar todo cuanto defendió, abraza la posibilidad de un cambio de opinión. Un momento en el que lícitamente puede renegar de lo dicho y apuntarse a otro carro sin que ello reduzca en manera alguna su credibilidad o capacidad de raciocinio. Lo complicado, en todo caso, es llegar a reconocer ese punto.

Ese punto de inflexión es importante. Mucho más si tenemos en cuenta que la mayoría de la información que hoy consume el usuario medio está compuesta cuasi exclusivamente por opinión, subjetivismo y pancartería. Por tanto, la necesidad que tenemos de reconocer ese momento en el que las cosas ya no son como hacía unos instantes, adquiere una importancia inusitada. Es básica para poder decidir qué periodista se empecina en remar contra corriente y cual no lo hace. Y es que, ya que nos tenemos que fiar de la opinión para mantenernos informados, más nos vale aprender a diferenciar entre periodistas que leen lo que ocurre en el mundo y los que sencillamente cuentan cómo les gustaría que estuviera el mundo.

Es triste ver como quienes nos deberían informar no son capaces de reconocer ese momento. 
Gamonal, al final, ha sido algo. Para muchos ha sido una victoria de la sociedad civil. Para otros, de forma exagerada en mi modesta opinión, una demostración de kale borroka que se le fue de las manos a los vecinos. Ha sido de todo y nada. Una esquirla que ha prendido sin saber muy bien cómo y que finalmente ha tumbado un proyecto urbanístico. Una voluntad del pueblo que ha dicho basta. Una inocente manifestación que ha sido tomada por los radicales. Un mero títere político impulsado por la que está llamada a ser en muy poco tiempo la tercera fuerza política del país. Una vergüenza. Un alivio. Un descanso.

A decir verdad era de esperar. Con todo el paro que hay. Con los recortes anunciándose a diario por radio y televisión. Con las desgracias que cada uno lleva colgadas a la espalda. Lo que resultaba extraño era que un alcalde se volviera una copia de Gallardón y se empeñara en realizar una obra faraónica sin que hubiere contestación ciudadana. Buena o mala. Necia o culta. Ilegal o acorde con la legislación. Con razón o sin ella. Con o sin nuestro aval. Era algo que podía pasar. Algo con lo que nunca cuentan los políticos. Algo que ocurrió con la misma facilidad con la que podría volverse a sumir en el olvido. Gamonal ha recogido los rescoldos de aquel 11m que murió de inanición por culpa de sus impulsores y los ha avivado con la fuerza del sentido común.  Y aunque ha incurrido en errores, se le ha de reconocer al menos que ha puesto voz a un sentimiento más que extendido por toda la geografía Española.

Venimos de una crisis galopante que ha arruinado a muchas familias. Hace veinte años lo apostamos todo al ladrillo. Construimos una economía en base al hormigón. Casi acertamos. Disfrutamos de plusvalías que nos enorgullecieron. Y que se callen los que dicen hoy que lo veían venir porque no son más que unos mentirosos. Nunca los vi aparecer en la tele para prevenirnos. No volvamos a caer de nuevo en esa trampa por favor. No volvamos a preparar el caldo de cultivo de una nueva crisis destinada a nuestros hijos y nietos.
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El mito de la izquierda

Es cómico observar cómo se puede quedar sin argumentos una parte de la ideología de un país con dos simples traspiés de sendos políticos foráneos que la decían representar. Eran como la refundación de la nueva izquierda. La vuelta de la vieja Europa, hasta que Merkel volvió a ganar, y la llegada por fin de un político verdaderamente de izquierdas al trono del universo. Su punto álgido fue el día que a Barack lo nombraron premio Nobel de la paz. En esos momentos los contertulios de izquierdas, los panfleteros y toda criatura acostumbrada a correr en el mismo sentido que la masa, se tocaban pornográficamente mientras vociferaban a los cuatro vientos que el mundo iba a cambiar si no era que ya lo había hecho.

Unos meses después Barack asesina a Sadam sin juicio previo, ordena una intervención militar y utiliza su premio para limpiarse el culo después de defecar, mientras que al otro garante de esa izquierda le salen novias de debajo de las piedras y engaña al electorado como nuestro amigo Mariano subiendo impuestos y recortando por valor de 50.000.000.000 de euros. Todo un giro neoliberal escuché ayer por la tele. Y de manos de uno de los salvapatrias de esa ideología.

Al final resultará que no existen recetas de izquierdas o derechas para combatir la crisis, sino más bien sólo recetas. Ahora toca que se lo aprendan quienes nos llenan los oídos con chorradas a diario.
Hay ocasiones en las que uno no es consciente del tiempo que vive. Veces en las que la realidad, o el cambio, le pasan a uno desapercibidos a causa de la trepidante velocidad con las que ocurren las cosas. Todas las cosas. No creo que esta sensación mía sea sólo culpa de las redes sociales. La incipiente calvicie que me amenaza es también un claro marcador del tiempo que he vivido. Un testigo impertinente que declara a los cuatro vientos que ya no soy un mozalbete. Y esa edad que subyace tras la caída de mi pelo impone en mi forma de ver el mundo un sosiego que se convierte en un lastre que me ancla a la lentitud que el día a día niega. Vivo infinitamente más rápido que mis padres, pero percibo que me vuelvo lento cuando me comparo con el mundo de ahora.

Hay veces en las que uno se encuentra noticias por ahí que creyó que nunca leería. Situaciones que nunca pensó que llegaría a ver. Avances y modernizaciones que uno nunca creyó que llegaría a contemplar y que convierten una noticia del montón en una clara señal de avance en la humanidad que dista mucho de ser enaltecido por quienes se dedican a informar. Lo del Papa Francisco y la pareja casada por lo civil que han llevado a su hijo a bautizar son la causa de mi reflexión.

Si lo piensan detenidamente, si se dejan de prejuicios y ven el mundo tal cual lo debería ver alguien que ha sido llamado por Dios para la meditación, el acto que ha realizado el papa es extraordinario. Una institución tan monstruosamente gigantesca y anclada en el pasado ha sido capaz de cambiar miles de dogmas con la sola llegada de un papa. Y esos hombres que son capaces de hacer semejantes gestas como si tal cosa, son los que acaban siendo llamados a perdurar en la retina de quienes coincidieron con ellos en vida. Son los que dan forma al avance de la humanidad. Con o sin religión, el que facilita la vida de las personas, es mil veces más útil al ser humano que quien se limita a consentirla.

Para muchos de ustedes esta noticia no pasará de ser una anécdota. Para mi no. Me hace reflexionar sobre las cosas que damos por sobre entendidas. Esas que nos parecen inamovibles. Las que damos por sentado que perdurarán hasta el fin de los tiempos. A mi entender la religión católica tiene todos los mimbres necesarios para existir hasta la llegada del fin del mundo. Solo le quedaba una tarea que hacer y que el papa ha comenzado; modernizarse. Y eso es algo que nunca creí que llegarían a contemplar estos ojitos míos...
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Balsámico

Escribir en el blog ha acabado convirtiéndose en un paño caliente con el que enfriar los humos perniciosos que la actualidad, la realidad, y las compañías que uno se encuentra por el camino, le provocan en el día a día. Una especie de huida hacia delante que implica no dar la espalda a los problemas. Y aunque es cierto que cada día es más complicado decidir sobre qué hablar, no lo es menos que es balsámico para quien por aquí aporrea el teclado. Tal vez sea por ello que uno ama tanto a este rincón.

Les dejo con música...


Hasta que la ley del aborto del PP apareció en los telediarios, servidor fue siempre un firme defensor de la libertad de voto de los diputados. No entendía el porqué de la obligación de seguir una máxima nacida del órgano de dirección de los partidos que convertía a sus diputados en poco más que morralla que rellenaba los escaños de la casa del pueblo. No aceptaba la dictadura que ello suponía. No me gustaba la democracia tal cual se nos pintaba. Y aunque suene contradictorio, tampoco me gustaría que se generalizara aquello del voto con libertad de conciencia si antes no se cambian otras cosas.

El debate que se ha generado en torno a la posibilidad de que los diputados puedan votar en conciencia es si cabe engañoso e interesado. Me explico. La misma falla democrática que se le atribuye a la negativa de que el partido ofrezca la posibilidad de votar en conciencia, se repetiría si una vez otorgados los votos sus dueños decidieran obrar sin que les importara lo que sus votantes prefirieran. O sea, no se puede pedir libertad de voto si antes no cabe la posibilidad de que los ciudadanos elijan directamente a quienes tendrán en su poder la posibilidad de votar según qué cuestiones. La existencia de las listas abiertas vamos. ¿Pero sería ésta una verdadera solución al problema? Yo creo que no. La complejidad y la interminable lista de posibilidades que podrían envenenar una ley es tan arrolladoramente desmesurada, que cualquiera de nosotros se debería tentar muy bien los bolsillos antes de arrojarse a los brazos de la forma democrática más cacareada en cada momento. Cada forma de democracia es válida para un supuesto concreto y en muy pocas ocasiones ésta es aceptable para otro diferente.

Por ejemplo, la libertad de voto está muy bien si está acompañada de listas abiertas y una democracia directa que nos obligue a participar a los ciudadanos casi semanalmente. Sería caro, pero sería la democracia más participativa y real que podríamos tener. Si por el contrario creemos en la existencia de unos partidos políticos fuertes que hagan del voto unánime su ley y reduzcan la injerencia ciudadana a su mínima expresión, esta que tenemos es su mayor exponente. Las dos son democráticamente defendibles, no en vano la segunda basa el voto de sus diputados en sesiones de preparación en los que se debaten las leyes para formar un criterio común que todos respetarán a la hora de ejercer el voto. Ambos dos son ejemplo claro de democracia pura. La primera forma implica a todos los ciudadanos. La segunda delega en los políticos el querer de los ciudadanos.

El problema, creo yo, es que sencillamente no sabemos votar en las elecciones. Damos por supuestos unos valores éticos a nuestros políticos que ellos tardan segundos en tirar por los suelos. Les arrogamos una impermeabilidad ante la corrupción que día tras día adolece de inconsistencia. Pero no solo eso, además caemos en la tentación de creer una obligación lo que la mayoría de las veces gritamos que nos deberían permitir; votar. Nos supone un problema hacerlo cada cuatro años, incluso anualmente si tenemos en cuenta las regionales, locales, europeas y nacionales. Nos atrevemos a exigir democracias directas, dando a entender que ni siquiera tenemos idea de lo que ello significaría. Somos palmeros, veletas que van sencillamente hacia donde lo hacen quienes nos rodean. Pedimos democracia cuando ni siquiera somos capaces de sacrificar unas horas del Domingo para ejercer un derecho que después anhelamos durante cuatro años.

Se puede pedir libertad de conciencia para emitir un voto. Es lo deseable. Pero antes quiero tener la oportunidad de poder elegir quien será el que tenga el privilegio de votar en mi nombre. Con listas cerradas lo lógico es que no se pueda votar en conciencia. Éstas, las cerradas, sirven para armonizar un voto democráticamente. Mientras no existan listas abiertas, lamentablemente el voto nunca puede ser en conciencia. No sería democrático.


Lo malo, lo que retrata a la perfección el periodismo que tenemos, lo que es triste hasta la saciedad, es que este hombre sea el único con el valor para preguntarlo. Los otros. Esos que ahora se enorgullecen de él y que exigen llamarse, como él, periodistas, no fueron capaces siquiera de alzar la voz para protestar por la prohibición de hacer preguntas. Y eso que con Rajoy y Rubalcaba se envalentonan iniciando campañas propagandísticas de esas tales como #sinpreguntasnohaycobertura. Pues bien, los etarras tampoco iban a aceptar preguntas...¿qué coño hacían ustedes allí entonces? Habría que comenzar una iniciativa ciudadana que dijera #SinPeriodistasPancarterosTendríamosMejorDemocracia. Lo malo es que está tan podrida la profesión de periodismo que si lo hiciéramos y lo consiguiéramos, nos quedaríamos solos.
En los días previos a la venida de los reyes todos deberíamos ser un poco más niños. Aceptar imposibles sin pensarlo. Creer en la magia, la bondad y la recompensa inmerecida. Esperar reproches y aceptarlos sin rencor. Convertirnos en el niño que sabe que ha sido malo y aplaude la llegada de ese carbón, que aunque dulce, tiene ese regusto amargo que nos ayuda a reconocer los errores. Desesperar por la tardanza del amanecer. Confiar en que esta vez sí, pillaremos a quienes se encargan de repartir felicidad por el mundo. Irnos a la cama con la infantil ilusión de descubrir una brizna del heno que comen los camellos. Una miga del mantecado con el que los reyes repusieron fuerzas. Una pisada o un sonido revelador que nos alertará de su presencia. Impacientes por la aparición de esas mesas llenas de regalos. Por el sonido desgarrado del papel que se rompe para dar a luz unos juguetes que estrenar. Por escuchar cómo se llenan las casas de risas infantiles. Por descubrir miles de cajas vacías que hacía unos minutos contenían sueños, anhelos y deseos.

Yo lo echaba de menos. Hasta que me puse a vivir de nuevo estas fiestas a través de los ojos de un niño.
Hay veces en las que se pierde la perspectiva. Días en los que la confusión que generan las malas noticias, las malas perspectivas, las nulas esperanzas, emponzoñan el corazón de cualquiera de nosotros y nos empujan hacia un desánimo destructivo que se enfoca exclusivamente al contagio de nuestra rabia a todos cuantos se encuentran a alrededor. Lo que viene a ser un día malo.

Curiosamente suelen ser común denominador de esos días las malas noticias económicas. Micro-económicas, para ser exactos. Tanto como nuestros sueldos. Minúsculos. Anodinos. Insignificantes. Lo único que suele acabar con un día de esos a menudo es una sonrisa, una canción, un abrazo. ¿Que cómo lo se? Tengo familia, como ustedes, una radio también como ustedes y gente a mi alrededor. ¿Qué más se necesita? Ganas de superarlos. Nada más.

Así que les dejo con Toni Zenet para superar sus frustraciones.