1335627866923Lo que otrora fuese una bendición para los que somos partidarios de una Europa unida en un solo gobierno, se ha acabado convirtiendo en vía de introducción de todos los males que la mismísima inmigración es capaz de provocar. El tratado Schengen, ayer bandera de libertad y hermanamiento entre países de la Unión Europea, ha acabado degenerando en un boquete monumental en la línea de flotación de la seguridad de todos cuantos pertenecemos a él. Sencillamente, lo que ayer nos pareció bueno se ha convertido en nefasto.

¿Porqué no suspenderlo?¿Porqué no volver de nuevo a controlar cada cual sus fronteras?¿Porqué no asegurarse de que todos cuantos entran o salen de nuestros países tienen los papeles en regla?¿Porqué no examinar mercancías, vehículos o pertenencias personales para permitir el paso?

Se ha demostrado que la apertura de fronteras tan solo ha beneficiado a quienes han decidido hacer un uso intencionadamente delictivo de los pasos fronterizos. La delincuencia se ha globalizado y el paso indiscriminado de ciudadanos ha derivado en un aumento del tránsito de ‘sin papeles’ sin control alguno. Nuestra libertad la utilizan para saltarse las reglas del juego, para agredirnos, para saltarse las leyes sin remordimientos.

Tal vez, y eso es lo que creo, se deberían cerrar de nuevo las fronteras, al menos, hasta que Europa sea de verdad un país único. Hasta que no llegue ese día, abrirlas como hasta ahora no es más que un suicido colectivo.

Puede que Mariano haya entrado en una espiral auto-destructiva que lo lleve al suicidio político en no menos de un año. Y lo creo porque a pesar de que puede que tenga razón y los recortes que hace, y prevé hacer, no tienen posibilidad de ser retirados, se obceca en acusar a los anteriores moradores de La Moncloa de los mismos, aún a pesar de que en campaña electoral dijo mil veces que no los culparía de la ‘herencia recibida’.

colacomida1La sociedad Española, esa que dicen hoy en día algunos periodistas que se ha convertido en una manada gregaria con la peor de las connotaciones posibles, es sin embargo comprensiva con las medidas que se están tomando. Pero, y aquí llegan los peros, también es lo suficientemente madura como para ruborizarse ante un político que bracea y se desgañita exculpándose a sí mismo de lo que su gobierno ejecuta mientras culpa a otros de unas medidas cuya único autor reconocible es él mismo.

Debería comenzar a pensar el señor Mariano que en estos momentos, uno de cada cuatro ciudadanos que lo ven, escuchan y leen está en el paro. Y debería pensar también el señor Mariano que si todos esos ciudadanos no se han echado a las calles a quemar contenedores es porque tienen un colchón de inestimable valor que los mantiene a flote y que se llama familia.

En la paz social que hoy vivimos no hay autorías sindicales o políticas, sino familiares. Por tanto, todo reconocimiento que pueda haber en el futuro de la salvación de tan ingente cantidad de ciudadanos, debería tener como únicos destinatarios a esos mismos ciudadanos. Los que a día de hoy dejan de comer un cuarto de la comida que acostumbraban para repartirla con esos familiares que han quedado desamparados.

No hay victoria política aquí, sino ciudadana. Y por eso me molesta tanto que para algunos seamos una manada gregaria en lugar de simples ciudadanos.

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En torno a Rajoy

Supongo que ya estarán ustedes hartos de leer esputos en torno a lo que Rajoy hace o deja de hacer en su mandato. Y supongo también que lo estarán de los que deciden que su meta es defender lo que éste hace o dice sin mesura ninguna, con una fe ciega que recuerda a quienes en la antigüedad aceptaban sin tapujos los dictados de los entonces hechiceros de la tribu. Así que, por tercera vez, tendré que suponer que si no quieren leer sobre Rajoy, o sobre los que defienden a Rajoy, o incluso sobre los que atacan indiscriminadamente al mismo Rajoy, lo que estarán ustedes deseando hacer es abstraerse de este mundo politizado en que hemos convertido entre todos nuestros artificiales Time-Lines y blogs, y tener la oportunidad de abrir una ventana gigantesca hacia las pequeñas y maravillosas cosas que nos rodean.

Pues bien, entonces no se exactamente qué hacen leyendo un blog en lugar de salir a la calle a pasear…

Que las campañas electorales duran ya cuatro años es algo que todos ya sabíamos desde hace tiempo. Y supongo que también sabíamos, o al menos sospechábamos, que las Redes Sociales serían el siguiente escalón en que se fijarían las maquinarias de los partidos para fidelizar, cuando no evangelizar, los votos que día a día arañan a sus contrarios.

Pero lo que nunca creí que llegaría a ver, lo que me lleva al esperpento, es comprobar que los partidos han decidido caer tan bajo, que incluso sus disputas tendrían un leve y caduco sabor a pimpinela, que transformaría sus discrepancias en simples y vacíos lemas sin contenido, cuya única finalidad es la de convencer a los espectadores de que ellos, que no los otros, son los que tienen toda la razón.

Disputas que no tratan de convencer al contrario, sino a los espectadores, que como servidor, asisten atónitos a semejante despliegue de inmadurez con los ojos como platos ante la pantalla, que un día pasó por ser la revolución del pueblo, y que hoy no es más que un multiverso de panfletos, escritos por mindundis, que tienen la sorprendente capacidad de convencer a la ciudadanía que mejor informada está de toda la historia de la humanidad.

Patético.

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Entre el éxito y el fracaso

Quizás sea que servidor es un ser complicado que busca indefectiblemente tres pies al gato cada vez que en algo debe posicionarse, pero creo, y lo hago con franqueza, que poco o nada debería importar en el mundo del deporte el que alguien sea buena o mala persona a la hora de juzgar su trabajo. Los resultados, creo yo, y no la capacidad de empatía que éste provoque en quienes lo observan, son los que deberían juzgar el trabajo de cualquiera que quedara sometido a la opinión de sus aficionados.

La línea que separa el éxito del fracaso en el mundo del deporte no se encuentra en la capacidad que tiene cada cual para ser buena persona y transmitirlo a sus convecinos, sino en los resultados y las sensaciones que su trabajo traslada a los aficionados. Por tanto, y me perdonarán todos aquellos que dicen que los Valencianistas no sabemos lo que tenemos, déjenme discrepar con mi entrenador y entiendan que para un servidor se puede ganar o perder sin mayor problema, pero que lo importante es el cómo se hace.

Y señores, yo estoy cansado de ver cómo se arrastra el escudo del Valencia por los terrenos de juego. Y eso lo ha conseguido el que escribiera un libro titulado ‘mentalidad ganadora’. La misma que hace que mi equipo no tenga un once que sepamos de memoria. La misma que hace que mi equipo varíe su sistema de juego en función del contrario. De cualquier contrario. La misma que prohíbe al señor entrenador hacer auto-crítica. La misma que avala, al parecer, la defensa a ultranza de algunos jugadores que desde hace meses, y años, no deberían haber vuelto a vestir la camiseta del Valencia C. F..

apm2La Asociación de la Prensa de Madrid ha convocado a los periodistas a una concentración el 3 de Mayo en defensa de la profesión (la periodística se supone) junto con el cual han dado a conocer un decálogo de motivos por los que es necesaria dicha movilización y que me dispongo a rebatir a renglón seguido.

  1. Somos periodistas y nuestro deber es elaborar informaciones veraces, rigurosas, contrastadas y contextualizadas, no simplemente rellenar espacios vacíos en los medios de comunicación. Nada más lejos de la verdad. Pero no dejarán de reconocernos que muchas veces sus informaciones se limitan a la simple transcripción de informaciones ofrecidas por las Agencias de Prensa. Y de lo de contrastadas ya ni hablamos…
  2. No podemos aceptar ruedas de prensa sin preguntas y debemos acabar de una vez por todas con la estrategia de negar explicaciones a los ciudadanos #sinpreguntasnocobertura. Estoy con ustedes, pero recuerden que son ustedes los que lo han permitido desde el primer momento. Los políticos se limitaron a aceptar las facilidades que les dieron.
  3. No queremos ser meros distribuidores de información elaborada por los poderes políticos, económicos, culturales, deportivos y de cualquier otro sector. Eso no me lo creo. Ustedes basan todo su poder mediático en la defensa de un lado de la bancada. Y para probarlo no es necesario más que comparar las informaciones de cualquier periódico, radio o televisión, en las que de antemano ya sabemos qué posiciones se van a defender y qué informaciones se omitirán o minimizarán.
  4. Defendemos un periodismo libre de presiones y servidumbres políticas y económicas que nos devuelva la credibilidad ante la ciudadanía. Comiencen por amotinarse frente a sus jefes y dejen de hacer creer que lo que les pasa es culpa de algún ente etéreo. Son ustedes los que se venden, no sus jefes que sólo quieren mantener una audiencia que se basa en la posición y defensa de una opción políticas. Cuando vea a alguien de la SER defender una medida de Rajoy por justa, o a otro de Onda Cero o la Cope defender una posición de Rubalcaba por el mismo motivo, sin que tengan que pasar semanas o meses hasta que ese mismo acontecimiento vuelva a suceder, entonces comenzaré a creer de verdad que ustedes huyen de servidumbres políticas y económicas y desean la denostada credibilidad pública.
  5. Los periodistas queremos asumir, con todas sus consecuencias, nuestro papel de garantes del derecho constitucional de los ciudadanos a una información veraz. Volvemos con lo mismo. Veraz no es minimizar, omitir, o dedicar editoriales enteras a rebatir informaciones que no les convencen. Y por supuesto tampoco lo es juzgar por indicios, sin que hayan pruebas contundentes aceptadas por jueces, que permiten juicios sumarios paralelos que normalmente acaban en lapidaciones públicas de políticos y ciudadanos anónimos.
  6. Demandamos una retribución digna por nuestro trabajo #gratisnotrabajo. Y yo también! Pero recuerden que estamos en crisis y aún no han acabado de cerrar periódicos, así que piénsense bien lo que envidar a sus jefes…
  7. Porque no queremos que puestos estructurales de las redacciones sean ocupados por becarios y porque nos oponemos frontalmente a la desaparición de las redacciones de los periodistas experimentados, a los que se reemplaza con contratos de salarios indignos. Eso pasa en todos los ámbitos del mundo laboral señores. Es cierto que la experiencia es un grado y que debe estar pagada y valorada, pero son ustedes los que han vendido la profesión a la simple redacción de dictados ajenos a ella, que la han acabado degradando y minusvalorando. Si hubieran sido periodistas de verdad en los últimos veinte años, no tendrían este problema. La prueba de que ustedes no son periodistas sino meras correas de transmisión de los poderes fácticos es que ningún primer espada de la SER trabajaría en la COPE y viceversa…(salvo los de deportes claro)
  8. Queremos que se ponga remedio a la destrucción masiva de puestos de trabajo que están aplicando los editores en los medios de comunicación. Vaya! Yo quiero lo mismo en cualquier profesión, no en la mía únicamente.
  9. Queremos defendernos del intrusismo en nuestra profesión. Pues van listos con internet y las redes sociales…¿o es que lo que pretenden es prohibir que quienes escriben en un blog puedan opinar sobre lo que ustedes hacen?
  10. Rechazamos que los empresarios de los medios de comunicación antepongan los intereses económicos al derecho de los ciudadanos a estar verazmente informados, obviando los principios éticos y deontológicos de la profesión periodística. Volvemos con lo mismo. Son ustedes los que lo han permitido y por tanto principales culpables de ello. No acusen ahora a ‘otros’ del mal que han provocado.

Y punto.

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Esperanza en la especie humana

Porque a veces la especie humana sí tiene cosas de las que enorgullecerse.

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Matices

Pareciera mentira que a estas alturas del partido tengamos que continuar jugando al juego de las matizaciones cuando de opiniones se trata. Pareciera, digo, como si para algunos la simple asunción de un hecho como válido significara la aceptación de todas y cada una de sus reivindicaciones y se llegara, de facto, a la ridícula situación en la que uno siente cómo se asoman al célebre balcón de Pepe Isbert para darle la bienvenida, a quien sencillamente decidió un día cambiar de pareceres en según qué temas. En realidad en uno solamente. Pero, pobrecillos, para ellos ya es victoria lo que para otros es simple capacidad de raciocinio.

En esta España que nos espanta, enamora y mata de hambre, si hay algo de lo que vamos sobrados, es de “convencedores de la opinión” que creen a pies juntillas que lo que rebuznan, al estar aupados al género de la verdad incuestionable por sus seguidores y acólitos más fieles, es de tan intachable, inapelable e impoluta factura, que nadie puede tener la osadía de contradecirlo, ni aún con el diccionario de la Real Academia de la Lengua entre las manos.

Tener que leer que uno acepta y glorifica una transformación ideológica que hiciera orbitar mis preferencias políticas alrededor de un marxismo caduco del que mayoritariamente beben los actuales republicanos del lugar, y verme inmerso en una especie de lavado de cerebro dospuntocerista en el que se intenta jugar con mis palabras para llevarme al terreno de quienes no tienen otra labor en esta vida que la de convertirse en panfleteros de uno u otro partido político caduco del país, por el mero hecho de decir hace dos posts que uno no tiene ya tan claro que lo de la Monarquía fuera la mejor solución posible para democracia, no tiene precio.

Algunos deberían aprender que en la vida hay una cosa llamada ‘matiz’ que permite a las personas posicionarse en según qué cuestiones sin necesidad de asumir la totalidad de las creencias o ideologías de nadie. Uno, señores, puede beber de todas las fuentes y de ninguna al mismo tiempo. Uno puede ser sencillamente un ciudadano del mundo encerrado en un universo de idiotas auto-convencidos. Y es que la inteligencia no la dan las ideologías, sino la capacidad de aceptar tales o cuales ideas hasta tener la seguridad absoluta de que lo que se cree no es lo mayoritariamente aceptado, sino lo más sensato.

Y parece, y duele decirlo, que sensatos hay muy pocos por estos lares…

49137_1632559056_5230_nPocas cosas hay en este mundo que me repugnen más que la utilización de ‘tonillos’, a la hora de calificar a quienes piensan diferente de lo que algunos creen que es bueno. Y si eso lo hace alguien que alardea de ser educada, periodista, crítica, distante, ecuánime y parcial dentro de sus posibilidades, la cosa se complica y el asqueo se recrudece.

Fijarse en un dato demoledor , que el 38% de los votantes Españoles seguiría apostando por un gobierno de derechas pese a los recortes ya conocidos, y calificar a quienes dan vida a ese dato de borregos, más exactamente caminantes en manada gregaria, que no es más que una metáfora de lo que yo interpreto de sus palabras, esclarece, y no sabe hasta qué punto, cuanta falta de verdad existe en los calificativos antes mentados para la tal periodista.

Y lo curioso es que en muchas cosas coincido con la susodicha y para algunos es complicado entender a qué viene mi personal aversión por ella. Pero es que como dije al principio, quienes utilizan ‘tonillos’ para descalificar posiciones contrarias no me merecen, para nada, el más mínimo respeto o consideración. Faltaría más.

1334401842540rey-caza-detallednYa es complicado aceptar una retahíla de recortes como la que se nos anuncian sin salir a la calle a incendiar contenedores, como para que encima nuestros gobernantes se pasen por donde nunca asoma el sol las restricciones que todos padecemos yéndose de safari, en busca de algo tan deplorable como lo es la cabeza de un animal, por el simple placer de la caza. Si además eso lo hace el jefe de la que en teoría es la institución más respetada de nuestra atomizada democracia, el resultado es mohíno.

Muchas veces servidor se desgañita defendiendo tal o cual decisión, por dura e incomprensible que ella sea, por la sencilla razón de que a mis entendederas esa, que no otra, es la mejor solución posible. Sin embargo no puedo más que revolverme ante la evidencia que representa para mi el que personas cuya máxima dedicación se limita a la simple representación de todos nosotros en el extranjero, se permitan, con sus conciudadanos al borde del abismo económico, gastos tan desmesuradamente superfluos e hirientes como el que Su Majestad ha protagonizado esta semana.

Sin duda el Rey ha perdido esta semana algo más que la salud, ha perdido casi todo el crédito que le tenía quien aquí escribe. Y es una pena porque Su Majestad debería estar enterada de que aquí somos más Juan Carlistas que monárquicos y que episodios como éste no hacen más que ponerle piedras en el camino a quien en teoría heredará el trono de España en un futuro cercano.

Un año puede que baste para demoler una institución que tardó más de treinta años en asentarse y que necesitó de cuarenta extras para volver a casa. Y este año, aunque no lo crean, puede que haya sido el definitivo para provocar en la gente la duda que siempre destruyó las verdades absolutas infundadas; puede que la monarquía parlamentaria no fuese la única solución posible para la democracia.

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Desde fuera

Hay veces, y perdonen mi pedantería al siquiera pretender tal comparación, en las que servidor se siente como aquel legendario Haywood Floyd contemplando meditabundo el mundo desde la órbita planetaria por la que transcurría el Hospital Espacial Pasteur allá por el 2061.

Y no por haber sido un conocedor de HAL9000. Ni por haber sido uno de los humanos que más cerca se encontraban de Júpiter el día en que una inteligencia extraterrestre dejó a la humanidad sin habla al enviarnos desde aquel mítico ordenador aquella frase que sería definitiva para el devenir de la misma.

Todos estos mundos son vuestros…con excepción de Europa: No intentéis efectuar descensos allí.

Ni tampoco, claro está, por haber siquiera sido uno de los pocos que conocieron en su día la aparición de aquella losa negra (TMA-1), que instantes después de haber recibido su primer rayo de luz solar en millones de años, emitió una enigmática señal que se perdió en IO, satélite del que después se convertiría en Lucifer. Ni por haber sido alguien que viajara a través del Universo en busca de las respuestas que sólo la mente nos podría proporcionar.

Me siento como el doctor Floyd de aquel día, por la sencilla razón de que sin tener que estar orbitando la Tierra soy capaz, con las herramientas de las que hoy todos disponemos, de observar el mundo a una distancia tal, que como a él, quienes escriben con su sangre las páginas de la historia, no nos parecen más que sencillos y caóticos puntitos indecisos de recorrido errático, cuasi imposibles de diferenciar de entre las sombras que provoca la óptica del satélite, que vagan por la vida sin más conciencia de sí mismos que la que les ofrecen los tuertos que los gobiernan.

Aquí, frente al ordenador, con la mente abierta y el teclado preparado, soy capaz de ver, escuchar y escribir todo cuanto creo oportuno, al tiempo que le ofrezco a mi decaída mente la posibilidad de comprender que, como en la canción de Sabina, el mundo es más ancho que sus caderas, y el universo más extenso que nuestras fronteras.

Se que es difícil para muchos de ustedes descifrar lo que con este post digo. Imaginar si quiera a qué viene un post tan extraño. Adivinar su causa. Supongo que la respuesta es sencilla. Lectura. Pero no solo eso, también aceptar el reto de practicar la empatía con  lo que se lee, sufre, o escribe. Acariciar la posibilidad de trasladarse a un mundo extraño y hacerlo propio. Imaginarlo después a nuestra manera y ponerlo a disposición de otros para que continúen con el juego que tal vez, y solo tal vez, acabe con la tan ingrata compañía que desde hace milenios acompaña a esta humanidad perdida de la que todos formamos parte.

Imaginarse siendo Haywood Floyd, mirando desde una ventanilla a tres cientos y pico kilómetros de altura en ruta orbital, mientras decide que no desea volver a aquella tierra de la que juro un día no volver a separarse. Ponerse en la piel de una humanidad perdida por el universo, que no atina a advertir, aún con la presencia de aquel extraño Sol que se comió la mayoría de las noches para siempre el día del gran mensaje, que hay algo más que éste simple trozo de tierra superpoblada. Comprender, que aunque nos lo enseñen, nuestros ojos permanecen ciegos a verdad cualquiera que ose dilapidar nuestras más profundas e infundadas creencias.

Es extraño, digo, y complicado, escribir un post cuando las ideas se arremolinan a tu alrededor haciendo imposible su plasmación, más que en un garabateado post confuso que aúna, sin pretenderlo, tan distintas, variadas y heterogéneas fases del pensamiento de uno. Y más difícil, supongo, leerlo y acabar asintiendo.

Muchas veces uno observa las declaraciones de políticos y periodistas y no atina a comprender cómo es posible que ante tanta contradicción, chaqueterismo y cambios de opinión propiciados por el sillón que en un momento dado ocupan sus posaderas, la ciudadanía, que se tiene por la más informada de la historia, no sea capaz de revolverse ante ello y se libre de tan horrendo y sacrificado destino.

Los mismos que ayer echaban pestes contra la amnistía fiscal que promocionaba el anterior gobierno, hoy la avalan al tiempo que quienes la apoyaron la denigran. Es como si aquello que servidor nunca quiso aceptar como verdadero, la existencia de un único partido dividido en dos secciones que se turnan en el gobierno para atacar o defender, según sea el caso, las mismas decisiones, se tornara hoy en día en verdad incontestable.

Pero lo peor no es que los políticos nos estén engañando. Lo peor es que algunos de nosotros nos obstinemos en apartar de la responsabilidad de ese engaño a quienes más culpa tienen; los periodistas.

emeryQue triste es vivir en un sin vivir. Desear la victoria de tu equipo al tiempo que la del contrario. La desesperación de quien por razones de fuerza mayor va con el enemigo de siempre y comprueba que éste flaquea como nunca. Elegir entre el enemigo menos enemigo para aliarte contra el otro y acabar siendo el perrito faldero del primero, mientras equivocas el mordisco y le laceras el tobillo. Ser del Valencia CF y comprobar, que para una vez que juegas bien, lo haces contra el Madrid y no contra el Barça. Acercar al enemigo más enemigo a la conquista de la liga, mientras renaces de las cenizas justo el día en que te tendrías que haber quedado donde estabas. Espolearte las pulgas y revivir, para seguramente la semana que viene, volver al pozo de la derrota ante un equipo con menos presupuesto, jugadores y técnico.

Mirar a los ojos del entrenador y ver la derrota en su mirada. Errar al decidir escribir un libro y volverlo a hacer al titularlo. Equivocar el momento, el club y las formas hasta hundirse en el fango y resucitar en el ocaso de tu tiempo para limpiar una imagen ruinosa. Querer ser tercero, aceptarlo y venderlo como un triunfo y después estar a punto de perderlo ante el vecino de siempre. Llorar, aparecer como víctima sufrida y en realidad no tener sangre ni para pegar un grito a más de un subordinado. Soñar toda la vida con un club como éste y acabar siendo pitado por una afición hastiada de derrotismos y análisis de partidos que no vieron.

Es el sino del Valencianismo. De mi Valencianismo. Ni contigo ni sin ti. Y tal vez todo lo contrario.

Ya estamos en plena Semana Santa. Es curioso la cantidad de sentimientos encontrados que en servidor de ustedes provoca esta semana de pasión, muerte y resurrección de un Cristo en que oficialmente no cree y que privadamente respeta y venera. Curioso es también que incluso para quien tan solo pisa la Iglesia para bautizos, comuniones, bodas y entierros, esta semana se torne un tanto mística, reflexiva e interiormente intensa.

Servidor de pequeño quiso ser cura. Mis profesores lo eran. Y para los ojos de aquel renacuajo que estudiaba en los Escolapios de Algemesí, la vida que éstos llevaban era sumamente atractiva. Eran muy buena gente, respetuosos con sus prójimos, amables, educados y sumamente letrados e inteligentes. Todo lo contrario a aquella jauría de críos malpensados, rencorosos y crueles que me acompañaban en las horas del patio. Supongo que ya adivinarán que precisamente aquellos años no fueron de los más felices de mi vida. No al menos los momentos que pasé en el patio, aunque sí los que discurrieron en la plaza del Dos de Mayo, donde estaban mis amigos y mi casa.

El caso es que aún así, aún habiendo anhelado ser cura de pequeño, aún habiendo sido educado por curas respetuosos, buenos y amables, servidor de ustedes acabó renegando de la Iglesia oficial, pasando así a creer firmemente en la alocada idea de sustituir a un Dios omnipotente creador del cielo y de la tierra, por un extraterrestre, infinitamente avanzado, que depositó en los campos de aquella prehistórica tierra la semilla de la que germinaría lo que hoy conocemos como Homo Sapiens.

Y aún así, aún siendo mis creencias tan contrarias a las que la Iglesia predica, servidor tiende, sin saber muy bien porqué, a defenderla de quienes sin dudar la atacan y ningunean, más con odio rezumando de sus poros, que con visión crítica y constructiva de la obra que genera.

No soy devoto y sin embargo cuando me toca ir a misa callo, respeto y me sumerjo en una miríada de pensamientos propios que me llevan a una introspección interior que difícilmente consigo en otros lugares. No creo, pero sin embargo respeto y admiro a quienes en su lucidez convierten una fe en algo más que una idea de la creación y la transforman en una forma de vida, o al menos en una idea en la que basarla.

Y es cierto, lo reconozco, que a veces incluso quienes se atreven a cantar una saeta al paso de una Virgen o un Cristo crucificados, son santos mientras cantan y demonios cuando la expectación que se genera en torno a ellos se esfuma como se esfuma su voz saetera y se convierten de nuevo en seres normales de los de andar por casa. Incluso a mi, descreído y pasionario ciudadano del mundo, me sobrecoge ese trozo de madera con forma de Cristo mortificado, cuyo único valor aceptable reside en la parte humana que representa, cuando a éste lo acompaña la melodía de una voz saetera que le canta algo precioso al paso andante. Y como todos, como todos los que en ese momento están presentes, me sobrecojo y bajo la mirada al suelo en señal de respeto.

Muchas cosas se dirán se la Semana Santa y la mayoría, por obcecado y cabezota, no las aceptaré. Pero si hay algo que ésta representa y que es justo reconocerle, es precisamente la que dice que en sí misma ella no es más que el recordatorio de que una vez existió un ser humano, la única creo, que pensó antes en sus prójimos que en sí mismo. Y hay que reconocerlo porque en la evidencia está la prueba. No fue rico, no tuvo espada y sobre su idea se creo la todopoderosa Iglesia.

Es Semana Santa y por tanto es momento de respetarnos entre nosotros. Es así de sencillo.

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=R8KwqZIAqps&w=550&h=355]

En semanas como esta que hemos pasado, servidor recuerda vivamente todos aquellos comentarios y loas al entonces Alcalde de Madrid con motivo de su, en aquellos tiempos, más que demostrado centrismo reverente que tan en contra de la línea del partido marchaba y por el que se ganó más de una amistad del otro lado de la bancada del Congreso. Gallardón fue, para ellos, un verso suelto del partido contrario al que siempre convino otorgar altavoz y tribuna propias por la disonancia que su discurso producía en la oposición. Un hombre progresista donde los hubiera que ofrecía, siempre a ojos de quienes no comulgaban con el Partido Popular, la posibilidad de construir una formación conservadora que se alejara definitivamente de aquel mundo que ellos mismos bautizaron civilmente como ‘caverna’. Una esperanza viva y progresista en su medida conservadora, que dilapidaría a una corriente más sectaria y retrógrada que representaba un Rajoy aspirante a presidir el Gobierno de España y que, como buen Gallego, nunca dijo esta boca es mía en cuestiones peligrosas y disimuladamente preparó su venganza para con un entonces Alcalde que se le subía descaradamente a las barbas y zancadilleaba su escasa credibilidad ciudadana.

Cien días le han bastado a Gallardón para dar y quitar razones. Cien días para eliminar de la ecuación a un tipo descaradamente engañoso disfrazado de progresista. Cien días en un Ministerio para que millones de ciudadanos ateos hayan acudido a misa para dar gracias al Señor porque éste no escuchó sus súplicas. Cien días en un Ministerio desangelado por su falta de competencias, que ha derivado en un terremoto civil de casamientos ante notario, carnets de mujeres y tasas para recurrir las decisiones judiciales.

Supongo que finalmente lo de casar a homosexuales no fue más que una simple treta política para pasar ante los ojos de los izquierdosos por el más progresista de los derechosos del país…

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Pensar y no memorizar

No entiendo la incomprensible necesidad que tienen algunos de llevar al apocalíptico dramatismo del fin del mundo la por otro lado natural y sana tendencia que tienen las urnas para actuar como péndulo ciudadano decantando el poder a uno u otro lado según les vaya viniendo en gana. Y tampoco entiendo, por tanto, esa proclama que estos días tanto se escucha en los medios que pide a la ciudadanía un ‘voto útil’ que impida, que un partido político, acabe consiguiendo una victoria que lo situaría en el umbral de la mayor cota de poder conseguida mediante las urnas, al tiempo que se olvidan de que éste, el ‘voto útil’, es en realidad la perpetuación de un poder inalterado en más de tres décadas que impide la madurez de una democracia regional, que carece hasta estos días de la más elemental de las alternancias.

Pedir votos no es el cometido de este sencillo bloguer-camionero. Tampoco es intención mía el influir en uno u otro bando. Lo que yo pido, y lo que intento hacer respetando al máximo a quienes no piensan como yo, es conseguir que quien lea lo que yo escriba aprenda a crear sus opiniones sin tener que absorber las de otros. Conseguir que quien lea piense y se olvide de memorizar frases dichas por otros que le sirvan para participar en sus debates diarios. La alternancia es un dogma que favorece la democracia como ningún otro. Y la alternancia nunca se consigue metiendo el miedo en el cuerpo de quienes un día como hoy han de decidir quien les guía y representa.