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Matices

Pareciera mentira que a estas alturas del partido tengamos que continuar jugando al juego de las matizaciones cuando de opiniones se trata. Pareciera, digo, como si para algunos la simple asunción de un hecho como válido significara la aceptación de todas y cada una de sus reivindicaciones y se llegara, de facto, a la ridícula situación en la que uno siente cómo se asoman al célebre balcón de Pepe Isbert para darle la bienvenida, a quien sencillamente decidió un día cambiar de pareceres en según qué temas. En realidad en uno solamente. Pero, pobrecillos, para ellos ya es victoria lo que para otros es simple capacidad de raciocinio.

En esta España que nos espanta, enamora y mata de hambre, si hay algo de lo que vamos sobrados, es de “convencedores de la opinión” que creen a pies juntillas que lo que rebuznan, al estar aupados al género de la verdad incuestionable por sus seguidores y acólitos más fieles, es de tan intachable, inapelable e impoluta factura, que nadie puede tener la osadía de contradecirlo, ni aún con el diccionario de la Real Academia de la Lengua entre las manos.

Tener que leer que uno acepta y glorifica una transformación ideológica que hiciera orbitar mis preferencias políticas alrededor de un marxismo caduco del que mayoritariamente beben los actuales republicanos del lugar, y verme inmerso en una especie de lavado de cerebro dospuntocerista en el que se intenta jugar con mis palabras para llevarme al terreno de quienes no tienen otra labor en esta vida que la de convertirse en panfleteros de uno u otro partido político caduco del país, por el mero hecho de decir hace dos posts que uno no tiene ya tan claro que lo de la Monarquía fuera la mejor solución posible para democracia, no tiene precio.

Algunos deberían aprender que en la vida hay una cosa llamada ‘matiz’ que permite a las personas posicionarse en según qué cuestiones sin necesidad de asumir la totalidad de las creencias o ideologías de nadie. Uno, señores, puede beber de todas las fuentes y de ninguna al mismo tiempo. Uno puede ser sencillamente un ciudadano del mundo encerrado en un universo de idiotas auto-convencidos. Y es que la inteligencia no la dan las ideologías, sino la capacidad de aceptar tales o cuales ideas hasta tener la seguridad absoluta de que lo que se cree no es lo mayoritariamente aceptado, sino lo más sensato.

Y parece, y duele decirlo, que sensatos hay muy pocos por estos lares…

2 Comentarios:

    Ay amigo, los izquierdistas de este nuestro querido país, solo saben de grises cuando recuerdan como corrían delante de ellos.
    Tiempos pretéritos, en los que se quedaron, vive Dios!

    Que diera yo por vivir en un país donde de verdad cada cual pudiera decir lo que cree sin ser tachado de nada y sin tener quite dar explicaciones día si y día no...

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