Hay veces, y perdonen mi pedantería al siquiera pretender tal comparación, en las que servidor se siente como aquel legendario Haywood Floyd contemplando meditabundo el mundo desde la órbita planetaria por la que transcurría el Hospital Espacial Pasteur allá por el 2061.

Y no por haber sido un conocedor de HAL9000. Ni por haber sido uno de los humanos que más cerca se encontraban de Júpiter el día en que una inteligencia extraterrestre dejó a la humanidad sin habla al enviarnos desde aquel mítico ordenador aquella frase que sería definitiva para el devenir de la misma.

Todos estos mundos son vuestros…con excepción de Europa: No intentéis efectuar descensos allí.

Ni tampoco, claro está, por haber siquiera sido uno de los pocos que conocieron en su día la aparición de aquella losa negra (TMA-1), que instantes después de haber recibido su primer rayo de luz solar en millones de años, emitió una enigmática señal que se perdió en IO, satélite del que después se convertiría en Lucifer. Ni por haber sido alguien que viajara a través del Universo en busca de las respuestas que sólo la mente nos podría proporcionar.

Me siento como el doctor Floyd de aquel día, por la sencilla razón de que sin tener que estar orbitando la Tierra soy capaz, con las herramientas de las que hoy todos disponemos, de observar el mundo a una distancia tal, que como a él, quienes escriben con su sangre las páginas de la historia, no nos parecen más que sencillos y caóticos puntitos indecisos de recorrido errático, cuasi imposibles de diferenciar de entre las sombras que provoca la óptica del satélite, que vagan por la vida sin más conciencia de sí mismos que la que les ofrecen los tuertos que los gobiernan.

Aquí, frente al ordenador, con la mente abierta y el teclado preparado, soy capaz de ver, escuchar y escribir todo cuanto creo oportuno, al tiempo que le ofrezco a mi decaída mente la posibilidad de comprender que, como en la canción de Sabina, el mundo es más ancho que sus caderas, y el universo más extenso que nuestras fronteras.

Se que es difícil para muchos de ustedes descifrar lo que con este post digo. Imaginar si quiera a qué viene un post tan extraño. Adivinar su causa. Supongo que la respuesta es sencilla. Lectura. Pero no solo eso, también aceptar el reto de practicar la empatía con  lo que se lee, sufre, o escribe. Acariciar la posibilidad de trasladarse a un mundo extraño y hacerlo propio. Imaginarlo después a nuestra manera y ponerlo a disposición de otros para que continúen con el juego que tal vez, y solo tal vez, acabe con la tan ingrata compañía que desde hace milenios acompaña a esta humanidad perdida de la que todos formamos parte.

Imaginarse siendo Haywood Floyd, mirando desde una ventanilla a tres cientos y pico kilómetros de altura en ruta orbital, mientras decide que no desea volver a aquella tierra de la que juro un día no volver a separarse. Ponerse en la piel de una humanidad perdida por el universo, que no atina a advertir, aún con la presencia de aquel extraño Sol que se comió la mayoría de las noches para siempre el día del gran mensaje, que hay algo más que éste simple trozo de tierra superpoblada. Comprender, que aunque nos lo enseñen, nuestros ojos permanecen ciegos a verdad cualquiera que ose dilapidar nuestras más profundas e infundadas creencias.

Es extraño, digo, y complicado, escribir un post cuando las ideas se arremolinan a tu alrededor haciendo imposible su plasmación, más que en un garabateado post confuso que aúna, sin pretenderlo, tan distintas, variadas y heterogéneas fases del pensamiento de uno. Y más difícil, supongo, leerlo y acabar asintiendo.

2 Comentarios:

    Si dijéramos siempre lo que todos están preparados para oir y entender, esperando quizá que lo digamos, rumiando la respuesta, que por por obvias razones ya sabemos más o menos cual sería, si nos atuviéramos a lo claro y conocido...
    Recuerdo que de adolescente leía y releía el "Así hablaba Zaratustra" sin entender un comino. Cuanto menos entendía más atraído me sentía por aquél texto, inspirado, arrevatado de mi vida cotidiana y elevado a una experiencia estética ¡sí, estética!, lindante con el misticismo.
    Qué bueno es que algunas personas puedan transmitir esa incoherente sensación de estar a punto de decir algo que se está a punto de comprender pero que aun no se llega.
    Es que hay cosas que todavía nos resultan inefables

    Querido amigo, tengo ese libro en espera para leerlo en cuanto acabe con el que ahora ocupa mis momentos de ocio jeje. Un libro que a mi también me marcó hace unos meses y que me gustó sobremanera por la rebuscada prosa que rezumaba es 'El escándalo' de P. A. de Alarcón. Sin duda alguna, aunque viejo (escrito en 1875), es uno de esos textos que lo llevan a uno con prosa recargada a vivir una época que puede le hubiese gustado conocer jejeje.

    Respecto a decir lo que se quiere, supongo que esta vez me quedé muy lejos, o muy cerca según se mire, de mi objetivo. He tenido un momento de empatía con el Dr. Floyd y he necesitado escribirlo en le blog, aunque creo que al trasladar mis emociones a la situación que vivía el doctor en el Hospital Pasteur he traicionado un tanto el espíritu de la obra de Arthur C. Clarke.

Publicar un comentario