Sólo una comparativa. Sigan este enlace que les dejo a continuación:

La junta podrá expropiar temporalmente viviendas para evitar su desahucio.

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado este martes el decreto sobre la función social de la vivienda, concebido como un "plan de choque para frenar la sangría social" que suponen los desahucios con medidas como la expropiación temporal por un plazo de tres años del uso de las viviendas "en inminencia" de desahucio "en caso de riesgo de exclusión social o amenaza para la salud física o psíquica de las personas".

Ahora comparen con el difunto:

Y ahora recuerden lo que ocurría en este país cuando en 2009 el Partido Socialista Obrero Español aprobaba la ley del desahucio exprés.

La Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados ha aprobado hoy con competencia legislativa plena el proyecto de ley de medidas de fomento y agilización procesal del alquiler y la eficiencia energética de los edificios, que plantea el desahucio en un plazo "no superior a 15 días y sin ulteriores trámites", en el caso de que los inquilinos no cumplan con el periodo acordado para el desalojo voluntario tras la sentencia judicial pertinente.

Saquen ustedes sus propias conclusiones y mediten sobre los escraches y a quienes están dirigidos últimamente. Tenemos la memoria muy corta señores. Demasiado diría yo. Y lo peor es que lo sabemos y lo fomentamos sin siquiera pestañear.

Cuando consigo atender a este blog desde la distancia, comprendo sorprendido los reparos de la gente hacia las opiniones de un tipo como servidor de ustedes. Ya saben. Un tipo dispuesto a cuestionarse a sí mismo hasta la saciedad, el aburrimiento y la petulancia. Abierto a escuchar pero sin aceptar imposiciones. Cansado de que le vendan verdades. Asqueado de quienes dicen hablar en nombre de la democracia. Impotente ante quienes en nombre de ella vociferan barbaridades. Y lo hago porque cuando me veo en el contexto en el que vivo, un camionero Español, se me escapa el motivo que pueda existir para que un tipo con la EGB como máximo título educativo se decida a escribir en un blog sobre política, periodismo y dospuntocerismo (antaño hubiese dicho blogosfera jejeje).

Verán, visto desde la barrera, tampoco yo alcanzo a ver la necesidad de dicho acto. Expresar opiniones es complicado y más que amigos uno gana enemigos. Además uno corre el peligro de caer muy rápidamente en la patanería, la simpleza y la ignorancia. Vamos que puede uno abrazarse sin darse cuenta a la vergüenza ajena que otros puedan sentir por su culpa. Pero cuando uno se reúne de nuevo con su ‘yo’ bloguer, mira el periodismo que lo rodea y atiende a la ingente cantidad de información que cualquiera hoy puede consultar, comprende que es que tal vez una profesión como la periodística haya acabado cometiendo el error de creer que tenía su posición predominante asegurada de por vida.

Cuando uno se dispone a leer varios periódicos y sin llegar a entrever sus cabeceras ya puede deducir de qué hablará cada uno de ellos basándose en su línea ideológica, comprende el porqué tanta gente diferente ha sentido la necesidad de escribir sus opiniones para que cualquiera las pueda conocer. Cuando los periódicos dejan de informar, se convierten en lavadoras de cerebros en crisis y miran con desprecio al dospuntocerismo al cual culpan de su decadencia e inviabilidad, el periodismo con mayúsculas pasa a agonizar en las redacciones y los arietes periodísticos de los aparatos políticos se agencian los puestos clave con los que dirigir a sus lacayos. Uno comprende entonces porqué opinar ha pasado a ser tan barato. Tanto que incluso quienes ni carrera de periodismo tienen se atreven a aventurarse en ese complicado mundo.

Nadie debería sentir necesidad alguna de convertirse en intrusista de nadie, pero aquí estamos. Menos, sin cobrar un duro y costándole dinero. Algo hay que hacen muy mal señores periodistas. Y ese algo lo atisbo desde aquí, la sencilla colina de un graduado en EGB, que mira a la profesión de la que le hubiese gustado formar parte decaer sin remedio. Me extraña que no lo alcancen a ver desde su atalaya ustedes que son licenciados.

rey_principe

La mayor parte de los ciudadanos de éste país adolece de lo que se ha dado en llamar comúnmente en la tabla de colores como ‘gris’. Solemos arrojarnos a los brazos de la rabia tan pronto nos caemos de los de la placidez. Aborrecemos las medias tintas. Pasamos del cabreo a la euforia, tan rápido como aquel mítico mago de America’s got talent cambiaba los vestidos de sus azafatas. Para colmo de los demócratas del mundo, aceptamos opiniones interesadas y las damos como hechos irrefutables sin que aparezca sonrosado el más mínimo rubor en nuestras mejillas. Como decía aquel mítico spot, aceptamos barco como animal acuático con tal de que nos dejen seguir jugando.

Lo del debate sobre Monarquía y República es lo mismo. Liquidamos la Monarquía tan efusivamente como ayer nos convertíamos en Monárquicos furibundos cada vez que un aniversario relacionado con dicha Institución se hacía carne en el calendario. No nos importaba, a decir verdad, dónde estaba el rey cazando con tal de que estuviera presente, cada 24 de Diciembre, en la presidencia de nuestra mesa de cena de Noche Buena. Cierto es que cambiaras al canal que cambiaras siempre estaba el monarca con su discurso leído en el telepronter. Pero eso no nos importaba los más mínimo, para nuestro intelecto inevitablemente limitado y deficiente, hubiese bastado con que el Rey no hubiese tenido hijo alguno capaz de heredar el trono para que no nos hubiese importado nunca qué hacía o dejaba de hacer fuera del objetivo de las cámaras.

Sus cuñados y ahora sus hijas han sido su perdición. Y con ellos nos ha invadido esa extraña necesidad de convertirnos en auditores de una monarquía que hasta ayer era tabú obligado para nuestros medios de comunicación por expreso deseo de la ciudadanía de la cual formamos parte. Y ahora vemos al Rey paseándose con la que parece su amante y nos rasgamos las vestiduras cual fariseos juzgando a Jesús de Nazaret hace dos mil y pico años.

No hemos aprendido nada. No somos capaces de diferenciar entre Instituciones y personas. No aceptamos que el Rey, por Rey que sea, no deja de ser un ser humano sometido a la dictadura del libre albedrío, a la posibilidad de equivocarse, de mentir o de sentirse acorralado por una actualidad de la que nunca se imaginó protagonista. Aplaudimos que se casaran sus hijos con muchachos de baja cuna y después nos escandalizamos de que estos hayan sido víctimas de las posibilidades que las puertas abiertas por una Institución como la corona les han plantado ante las narices. Creímos infantilmente que actuarían como factor de humildad en la corona y se han convertido en su causa de repudio más evidente.

Y ahora el Rey se rompe la cadera de una de sus incontables cacerías y se ve sometido al juicio televisivo de unos medios que han visto cómo su cadena de tabúes con respecto a dicha institución se rompía en mil pedazos como consecuencia de la crisis que amordaza a los ciudadanos que la mantenían intacta. Así somos, respetables hasta en eso. Deberíamos recordar que las Instituciones que hoy existen son las que nos han llevado a poder escribir lo que nos plazca sin miedo ninguno. Podemos criticar al Rey, a nuestros políticos, a nuestros conciudadanos mismos. Pero debemos aprender a poner por encima de las personas a las Instituciones que representan, porque si no lo hacemos podemos caer en el error de eliminar cualquier atisbo de legitimidad en las bases de nuestra democracia.

Y no digo con esto que el Rey deba continuar siéndolo tan sólo por su papel en la Transición o en el 23F. Digo, sin más, que tal vez el Rey deba abdicar en favor de su hijo, porque él mismo está agotado para servir a la democracia de la que fue argamasa de su construcción. Y tal vez su hijo haga entrar en el corazón de todos los Españoles a la monarquía, ya sea por sus buenos actos futuros, que seguro los tendrá, o porque cierre el círculo que un día comenzó a trazar su padre y se convierta en el eslabón que dio paso a la República de la única forma pacífica que concibo, en una segunda transición liderada por la propia corona que aspira a ostentar.

¿Que eso es esperar mucho? Puede, pero hasta donde yo se tampoco en el 75 esperaban vivir dos años después en democracia y Juan Carlos nos lo regaló sin pedirnos más que pleitesía a cambio. Tal vez su hijo concluya el camino que su padre no pudo más que comenzar. Y suerte que no lo hizo. Hoy el ejército no es el mismo que ayer, ni nuestros políticos, ni los propios ciudadanos. Somos hijos de la democracia y por tanto se nos supone más maduros para calibrar nuestras inquinas…¿O no?

twitter_8

Hoy en día la mayoría de los posts que escribimos en nuestros blogs nacen de algún que otro tuit que hemos compartido anteriormente. Y la mayoría de ellos llevan adjunto un enlace hacia una noticia, artículo, vídeo o post. ¿Imaginan que esos mismos tuits pudieran ser clasificados al viejo estilo Delicious?

El día en que los CEO’s Twitter decidan avanzar en su sistema y ofrezcan a los usuarios dicha posibilidad, habrán logrado la cuadratura del círculo de las herramientas dospuntoceristas. Los hasgtags están bien y es un hecho que son uno de los elementos necesarios para que Twitter se haya convertido en un éxito. Si además a los usuarios como un servidor se nos ofreciera la posibilidad de clasificar nuestros propios tuits para poderlos encontrar cuando lo necesitáramos, ya sería la pera limonera.

Este post lo debería clasificar con una etiqueta nueva ; #cosasquemegustariaquetwitterhiciera

Escuchamos la palabra ‘sobres’ y automáticamente nuestra mente vuela directa hacia Bárcenas. Como si fuese él quien inventara el pago en negro, las comisiones fraudulentas, o la contabilidad en ‘b’. Es nuestra forma de ser. Lo llevamos en la sangre. Es nuestra manera de entender el mundo que nos rodea. No buscamos respuestas certeras, sino las que nos convienen. Nos conformamos con el resumen interesado de los hechos que nos quieren vender, en lugar de buscar la verdad y ahondar en ella hasta el final. Simplificamos y eso nos lleva a la ignorancia supina.

La Comisión Nacional de la Competencia ha impuesto una multa de más de 44 millones a 15 empresas por formar y mantener un cartel en el sector de los sobres de papel que se usan en las elecciones durante más de 30 años

Ahí va eso señores. Ahora simplifiquen.

Fuente elpaís.com.