Es curioso señores que leyendo el blog de Gregorio se tenga uno que sorprender por algo que creía era la forma habitual de batallar unas elecciones y comprenda que es que al final lo que veía en su comunidad autónoma no era más que la rastrera deformación de la fiesta nacional de la democracia.

Se hace cruces Gregorio de que en Sevilla se haya pasado de los debates sobre las diferentes propuestas, al simple encendido de ventiladores de la marca ERE Fraudulento que esparcen mierda por doquier y que diluyen hasta la volatilización cualquier tipo de debate constructivo que verse alrededor de las distintas propuestas que los partidos propongan a la ciudadanía.

Si me dejaran le diría a Gregorio que no tiene que sorprenderse tanto por aquello que ocurre en su ciudad. Aquí en Valencia vivimos acostumbrados a estos temblores políticos y sabemos lo difícil que les resulta a los partidos soltar la presa de la posible corrupción. Más cuando a corto plazo hay elecciones.

Claro que serían mejores unas elecciones que se nutrieran de debates de ideas y propuestas encaminadas a mejorar la vida de las hormiguitas obreras que deambulan a diario por las ciudades de esta piel de toro. Pero es que si eso sucediera ellos no estarían colocados como el tercero de los problemas de los Españoles. Y te recuerdo que incluso llegaron a estar los primeros…

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Falsa quietud

No hay nada como despertarse por un aterrador grito en mitad de la noche para caer en la palmaria cuenta de que no vivimos en esa quietud que damos siempre por hecha. Visto en perspectiva, vivimos todos en una especie de fantasiosa burbuja, que nos hace creer que andamos por el mundo protegidos por una especie de karma invisible que nos evitará por siempre cualquier tipo de percance.

Y en eso, cuando uno menos se lo espera, el mundo bajo sus pies se viene abajo, los edificios le escupen escombros sobre la cabeza y las olas del mar se vuelven inmensas paredes de agua que arrasan con todo cuanto se encuentran a su paso. La Tierra estornuda y nuestra particular burbuja se rompe, dejándonos a merced de cuantos peligros conviven en nuestra atareada vida de hormiguitas obreras.

No ha hecho falta más que dos trozos de tierra se rocen para que la rutinaria vida de millones de seres humanos se torne en esperpento, pavor y caos. Un roce y quien esta mañana pretendía comprarse un coche, se ha quedado a mitad de camino del concesionario obstaculizado por una calzada partida en dos, que a modo de Oráculo que todo lo sabe, ha frenado su despreocupado transitar por la ciudad abriéndole los ojos a la realidad en la que vive.

Y como ese millones de ejemplos. Como decía antes, visto en perspectiva nuestro mundo al modo de Google Maps y alejando la vista al máximo posible, comprendemos cuan frágiles e insignificantes somos. Es cierto, eso se suele decir muchas veces en los velatorios, pero no me negarán que hoy viendo la tele no han pensado eso mismo.

Lo malo es que aún viendo que es posible que en un segundo todo se vaya a la mierda, continuamos pensando que a nosotros nunca nos pasará nada. Así es la vida. No es suficiente con saber que la quietud en que vivimos es tan frágil, además hay que perderla para aprender a valorarla…

Es curioso que el gobierno se afane tanto en promulgar medidas anti-crisis que al final poco o nada aportan a la generación de empleo. Medidas destinadas a restar bienestar social, recortar derechos de los trabajadores, o deambular en la cuerda floja que supone la certera posibilidad de que acaben siendo tomadas a guasa por la ciudadanía que se supone ha de votarte en las próximas elecciones.

Hacen bien, o mal según se mire, los Alcaldables y presidenciables autonómicos, en desear la neblina pasajera que supone la pasada de puntillas que los pesos pesados del partido de Jose Luis por sus respectivos mítines. Aunque claro, eso siempre deja entrever una supuesta creencia suya que dice que los votantes, en realidad, no saben a lo que votan y que más bien, en lugar de ciudadanos que disfrutan de la fiesta de la democracia, se convierten en autómatas que acuden a las urnas porque se supone que es lo que hay que hacer en esos días.

Una idea que aunque no lo crean está bastante extendida entre nuestra clase política. Idea poco correcta políticamente hablando e inconfesable, pero tan cierta como la vida misma. Sino fíjense cómo en muchas ciudades y autonomías, de izquierdas o derechas, se omite a propósito la mención de algunos líderes nacionales.

Pareciera que los políticos en su interior, o no tanto, tomaran por imbécil a la ciudadanía.

Los unos por dejarse la voz repitiendo una y mil veces lo que cualquiera ya sabe; que no se vota a Zapatero o Rajoy, sino a los Alcaldes y Presidentes autonómicos. Los otros por presuponer de antemano que los ciudadanos en nuestros pueblos vamos a castigar a quien aún siendo del partido de Jose Luis lo ha hecho estupendamente (no es el caso de Algemesí, ciudad gobernada por el partido popular).

Al final va a ser cierto que tenemos lo que nos merecemos…

Les va a parecer una gilipollez lo que les voy a contar y posiblemente lo sea, pero he de decirles que siendo como es Lunes, laboral y con la perspectiva de una semana completa de trabajo por delante, el haberlo vivido de momento sin encender la radio más que para escuchar la música que en mp3 llevaba puesta en el camión, me ha llevado a una placentera y confortable ignorancia en lo que se refería a las refriegas políticas y rollos revolucionarios en países alejadísimos culturalmente al ideario Occidental. Hasta me he divertido durante la mañana.

Y eso me hace replantearme seriamente si a los ciudadanos de a pié nos hace falta de verdad eso de tener constancia y comprender todo lo que ocurre en el mundo mundial. Tal vez, si la “real politique” se compusiera únicamente de aquellas cosas que directamente nos rozan en la vida diaria y se alejara de idealismos trasnochados enclavados en ideas políticas que han quedado obsoletas debido a la convergencia de las izquierdas y derechas mundiales en lo que a políticas económicas se refiere, el día a día de millones de personas que pasan las mañanas pegadas a la radio fuese más pasable, placentero y agradable de lo que lo son ahora.

Aunque siempre nos quedarán los canales de música. Pero claro, eso nos llevaría a una terrible ignorancia amparada por una desinformación total. Y señores, en lo que a información se refiere ni tanto ni tan poco, más bien lo justo para que sepamos que la democracia sigue existiendo. Aunque sólo sea tras los pompis de los leones del Congreso.

Puede que sea por la cantidad de veces que se menciona últimamente a las redes sociales en la televisión. Puede que por la parte que se les atribuye a las mismas, desde este lado de la civilización, en lo que a potenciadoras de las revoluciones en países árabes . Puede que porque finalmente hayamos entrado en la recta final de las campañas electorales de Mayo. Puede que por el nacimiento y difusión de un nuevo puesto laboral nacido del dospuntocerismo más puro, el de los Comunity-Managers.

El caso, no me lo negarán ustedes, es que redes sociales como Twitter, Facebook o Tuenti, han cobrado un renovado impulso que ha arrastrado con ellas a redes más profesionales como Foursquare, Linkedin y demás herramientas de contacto con denominación de origen dos punto cero.

Y con toda esta explosión efervescente, encaminada a formar parte de algo que algunos ya se han encargado de denominar “revolución silenciosa”, nos encontramos nosotros, los sencillos usuarios que habitábamos aquí desde hace unos años y que vemos, entre alborozos y fregadas de ojos, cómo lo que nosotros creímos un simple pasatiempo pasa a convertirse en una omnipotente plataforma de promoción de la marca personal que cada uno puede ser capaz de vender de sí mismo.

Lo curioso es que, habitando en una sociedad de la información como habitamos, no hayamos caído en la cuenta de que todo cuanto creamos que podemos hacer con nuestra marca personal, quedará siempre supeditado a la voluntad de las marcas que sí ponen dinero a la hora de integrarse en las redes sociales a las que tanto cariño parece que les tenemos.

Desde hace unos meses empresas, organizaciones, periodistas, políticos, empresarios, todo bicho viviente con conexión a internet, ha creado sus particulares perfiles para aparecer en la nube. No es malo eso si se administra bien. Pero lo que ha ocurrido es que quienes se creían capaces de discernir entre el bien y el mal, esos que decían formar parte de una revolución cuyo principal objetivo era la conversación, los que decían que para seguir a alguien era necesario algo más que un nombre, han acabado sucumbiendo a los cantos de sirena que significaban poder hablar en el Time-Line con una celebridad de cualquier campo y lograr lo que hasta hace unos meses parecía imposible; cruzar un par de frases con ellos.

La irrupción de gente famosa en twitter, por ejemplo, ha conseguido que personas como Leire Pajín tengan cientos de seguidores en twitter sin que si quiera lo hayan estrenado. Y lo malo de ello no es que no haya abierto el pico aún para decir esta boca es mía. Lo horrendo, lo incomprensible, es que quienes la siguen ahora son los mismos que decían hace no mucho que sus opiniones no estaban comprometidas por afinidad alguna.

Ha sido tan sencillo desembarcar en este mundo dospuntocerista para famosos y empresas. Tan sencillo hacerse con el altavoz que para tantos permanece inalcanzable por la nimiedad de no ser político o presidente de cualquier organización. Tan sencillo convertirse en el tuerto que reina en el país de los ciegos…