Es curioso ver cómo la sociedad española se muestra cada vez más apática en torno a los mensajes políticos que les llegan a través de los medios de comunicación, y más aún a través de las redes sociales. Como muestra un botón; tras la polvareda que ha levantado el cierre de la Tv autonómica Valenciana y en plena efervescencia antipepera desatada por la no menos históricamente avalista de las políticas de dicho partido, Canal 9, la concentración que se celebró en mi ciudad sólo consiguió congregar a unas doscientas personas. Siempre con datos de los manifestantes. Ni tan siquiera los partidos que convocaron dicha orgía de las vanidades consiguieron encandilar a sus afiliados. Y ello es, cuanto menos, extraño para quien por aquí escribe.
fotografía de la concentración (Ribera Express)
La cuestión es que esta realidad contrasta con la que se nos intenta recalcar desde los medios de comunicación y las redes sociales, donde los apoyos, los avales y la suma a las intencionalidades de quienes se erigen en catalizadores de la opinión pública, no necesitan más que de un asentimiento de cabeza mientras se escuchan las noticias, o un mísero click en el 'retweet' o el 'I like' para sumarse a una marea ciudadana digital que no implica levantar las posaderas del sofá de nuestras casas.

Pareciera como si la ciudadanía ya no aceptara tan a la ligera sumarse a eslóganes vacíos. A mi modo de ver las cosas, los partidos que hoy se creen portavoces de la gente se van a pegar un tortazo monumental en las próximas elecciones. A no ser claro que cambien su forma de hacer las cosas...
Hoy son periodistas...¿y ayer qué eran entonces?
Había una vez una televisión pública Valenciana que medraba, ninguneaba a la oposición y mimaba y protegía a los miembros del gobierno autonómico que la manejaban desde el mismo día de su creación. Por ella pasaron y mandaron no sólo los que un día decidieron traicionar a sus trabajadores y cerrar sus emisiones, sino también quienes ahora estaban en la oposición y la crearon, años ha, cometiendo los mismos delitos que hoy les atribuyen a los actuales inquilinos del poder.

Tantos años engañando a los Valencianos y resulta que sólo ahora, cuando su nómina peligra de verdad, se dan por sabedores de que han estado intoxicando y mintiendo a los Valencianos. Podrían haberlo denunciado cuando sus nóminas no estaban sentenciadas de muerte. Cuando sus palabras aún eran representativas del periodismo y no ahora, cuando sus exabruptos no son más que la carnalización del odio hacia la mano que está destinada a cortarles el cuello.

El periodista de verdad no obedece órdenes de ningún director de informativos y si lo tiene que hacer dimite. Todo lo demás no es más que un simple trabajo como cualquier otro.
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Soñar contigo



Hay veces en las que las palabras sobran. Incluso cuando éstas deberían llenar un vacío premeditado de semanas en silencio. Semanas de olvido áspero que arraiga en una desgana insatisfecha por volver a volcar nuestro interior en un blog. Aún así, me han gustado tanto la canción como el autor que no he podido resistir la tentación de suspirar una vez más por aquí.
A su juicio, dejó un tiempo prudente entre su post de despedida y el de vuelta. No pretendía que quienes lo leyeron antaño aceptaran sin miramientos la nueva idea de blog, que hacía unos meses había germinado en aquella inestable mente cansada. La propia idea lo aterraba a él mismo. Sin embargo decidió que ya era hora de recomenzar de nuevo, de hacerlo con un poco más de intimidad, más personal, más ameno. La idea de contar historias, propias o extrañas sin distinción, le agradó. Dejar a criterio de los lectores el convencimiento de que lo escrito era real o inventado. Aprender a jugar en ese juego en el que no es tan importante la realidad como la sensación que dejan las palabras escritas. Mezclar y eliminar para siempre los muros de las limitaciones a la creación. Así que así recomenzó su blog:

La historia que será 1

Seguramente habría sido aquel hombre misterioso, aparecido por detrás de la barra del bar, el que a escondidas le había proporcionado aquella droga que ahora lo adormilaba mientras conducía. Las farolas, las líneas que delimitaban la carretera, incluso las señales de tráfico que sucesivamente se acercaban a él a velocidad de vértigo y pasaban de largo rozando su mirada a derecha e izquierda, iban convirtiéndose poco a poco en meras insinuaciones de lo que un día llegaron a ser en realidad, advertencias de peligro.

Tal vez nunca debería haber acudido a aquel lugar de la mano de la preciosidad que, de improvisto, lo había abordado en medio de la calle con aquella mirada lujuriosa que poco más que le había quitado el hipo que desde el día de su nacimiento lo acompañaba a todas partes. A decir verdad, en ese momento no se había dado cuenta, pero ahora, rememorando la noche, no dejaba de sorprenderle el hecho de que no, no recordaba el cansino sonido que durante tantos años lo había acompañado.

Sería, como decía su madre cuando era una criatura, que toda aquella demencial dolencia respiratoria no habitaba para nada en su cuerpo, sino más bien en una desolada, afligida y desconsolada mente enajenada, carente de raciocinio y falta, como no podía ser de otra manera, de cualquier atisbo de razón que convirtiera al ser que la habitaba en algo más que un andrajo zarrapastroso cuyo único fin en este mundo había sido nacer para convertir la vida de su difunta y santa madre en un infierno en vida que no acabaría, cómo no, hasta que él mismo, con un hacha, valor y rabias incontenidas, acabara con un certero golpe seccionando en dos la cabeza de quien, durante décadas, no había hecho más que culpabilizarlo por las desdichas padecidas.
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Cámbio de temática

La temática del blog debería cambiar, entre otras cosas, porque he comprobado a lo largo de estos años que la opinión no sirve más que para alimentar los radicalismos, los cierres en banda y los árboles capaces de tapar la visión de bosques enteros. Y más sorprendente aún, ni yo ni ninguno de los que han leído alguna vez uno de mis posts han cambiado su particular forma de ver aquello sobre lo que se escribió. No esperé que eso sucediera, pero me sorprende que ni siquiera yo mismo haya sido capaz de cambiar un ápice mis ideas. Es como si nos hubieran lavado el cerebro a todos. Y me siento como si hubiese vivido todos estos años pensando que era el tuerto en el país de los ciegos, cuando la realidad pareciera que soy un vocero más de los miles que pueblan la red de redes.

Así que cambiamos. Esperemos que con ello recuperemos de nuevo las ganas de plantarnos ante el teclado.