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Bloguer Invitada, Marita

Ya sabréis todos que la semana pasada recuperamos del baúl de los recuerdos una antigua sección del blog dedicada a los bloguers invitados. Marita en los comentarios nos prometió ese mismo día crear un post con el que re-inaugurar de nuevo la sección y no creo que haga falta que os diga que ha cumplido con creces dicho propósito.

El post que ha escrito no es de opinión, sino un pequeño relato repleto de cariño, de añoranza, de deseo de perdurar en el tiempo, que a mi personalmente me ha recordado a otro relato que escribí hace ya tiempo que denominé ‘la casa’ y con el que participé en la edición de un libro de relatos solidarios cuyo beneficiario fue la Fundación Vicente Ferrer.

De haber existido aún el Certamen del CETH, ésta historia habría sido una muy digna participante. De todas formas esto es algo que a nadie ya importa por lo que os dejo el post, la historia, el relato que Marita nos ha dejado para disfrute de todos.

Siempre es bonito abrir el blog a la imaginación, al sentimiento, y cerrar la ventana de la realidad para poder encontrarnos con el sino del ser humano, su vida. Y es mejor cuando quienes cierran esa ventana no somos nosotros, sino nuestros lectores, los que realmente pierden su escaso tiempo en mejorar nuestros posts con sus apreciaciones y comentarios. Os dejo, sin más dilación, con la aportación de Marita a este humilde y casi desvencijado blog.

Siempre aprendemos.

- Buenas tardes, bonita casa tiene usted.

-  Pues estoy pensando en venderla. Estoy muy solo, los hijos se han ido a trabajar a la ciudad, la parienta por desgracia y después de una larga enfermedad también me ha dejado y ya tengo muchos años. Lamentablemente es así la vida…tú también llegarás.

-  Así es, pero aún me falta…por ahora, no pienso en ello ni me preocupa.

- Eso decía yo. Pero hoy con 82 años, recuerdo como si fuera ayer cuando había vecinos alrededor, las fiestas que montábamos..., los carros que pasaban por esta carretera y el bullicio.

- Pues búsquese a alguien para que lo acompañe, quizás una mujer, hombre. Que seguro que alguna habrá que le gustaría contemplar la belleza del paisaje cada mañana y sus conversaciones.

- ¿Y ahora para qué quiero yo una mujer?

- Para compartir su vida, sus penas y alegrías.

- Mi vida???. Permita hombre que esboce una sonrisa. La poca que me queda dirás. Y lo que compartiría serían penas, las alegrías me las tendría que dar ella y alegrías por penas no son un buen intercambio.

- Lo noto un tanto apenado y quejumbroso. ¿De qué se queja usted?.Mire donde vive, que maravilloso lugar y que vistas. A mí me gustaría vivir por aquí.

- De la soledad, de la vejez, de la impotencia….de lo que pasa en el mundo y no puedo remediar…de lo que me pasa y tampoco puedo porque no me quedan fuerzas ya, de lo que no me pasa…de tantas cosas. Recuerdo cuando corría detrás de las perdices entre los almendros, cuando me sobraban energías para llevar toda la tierra sin ayudas. He trabajado mucho para ver lo que usted está viendo.

- No me cabe la menor duda, ¿cómo se llama usted?.

- Miguel, ¿y usted?.

- José.

- Sabe Ud., que por la casa unos ingleses me daban más de treinta millones de pesetas. Y lo que querían era construir bungalows o algo así me dijeron y hacer un complejo pa’ turistas aquí. Y no puedo dejar esta tierra que heredé de mis padres y ellos de mis abuelos, pa’ eso…pa’ que se llene esto de turistas y se destroce el lugar y estas vistas…no puedo hacerle eso a la naturaleza, no puedo hacerle eso a mis almendros que tanto me costó cuidar. Oiga…¡Cómpremela usted que se ve fuerte y con ganas!.

- Miguel, me encanta pasar por aquí, casi cada año paso por ver los almendros en flor, pero no pretendía nada más que hacer alguna fotografía, si yo le comprara la tierra tendría el mismo problema que usted tiene ahora. Si ha disfrutado de la vida y el esfuerzo que le dedicó a estos montes, solamente usted lo sabe y lo aprecia. Ud. ve lo que los otros no…pero creo que no puede seguir aquí solo…váyase usted a un lugar mejor, donde tenga compañía que aquí lo único que puede encontrar es una muerte en soledad o que alguien le robe todo…hasta sus recuerdos.

- De aquí saldré con los pies por delante, amigo.

- Si eso es lo que quiere...

- Pase y le invito a un vasillo de vino.

- Tengo prisa Miguel, gracias de todos modos.

- ¿Cuándo volverá?

- Quizás dentro de un año o quizás nunca, solamente pasaba por aquí.

- Tenga usted buen viaje, ya cada vez pasa menos gente y si quiere regrese el año que viene, que con suerte, y si Dios quiere, todavía estaré aquí.

- Que la salud y la buena suerte le acompañen.

Miguel se quedó delante de la puerta de su casa, sentado en un banco de piedra, no tenía ni perro que le pegara las pulgas. El paisaje era de ensueño, la Sierra al fondo con las cumbres nevadas, a sus pies varias hectáreas de almendros en flor, todo estaba perfumado por ese olor dulzón.

Las casas de sus vecinos de antaño, derrumbadas, sin puertas ni ventanas, con colchones en el suelo y muebles viejos y desvencijados. El olor a tristeza y soledad rondaba en el lugar.

Miguel resistiría allí hasta que la parca viniera a buscarlo o hasta que se le fuera la cabeza y algún hijo o familiar se lo llevara a una residencia para sacar tajada del sudor de su frente.

A esos almendros quizás les quede la misma poca vida que a Miguel…o quizás no…nunca se sabe…porque siempre habrá gente que sepa apreciar la belleza de la tierra y las cosas que importan…porque la tierra y los valores son lo único perdurable en esta vida.

almendros_JPG

9 Comentarios:

    Gracias por la introducción...y gracias por ofrecer tu espacio que no es un desvencijado blog...vamos hombre!!! te diría José...jeje.....es un blog que tiene mucho que aportar...un beso

    @Marita las gracias, como siempre hemos dicho por aquí, son siempre para los lectores :))

    Hola, vine siguiendo el rastro de una perdiz de buen canto... creo que se llama Marita... debo regresar a ponerme a su disposición y a leerla para entenderla... pero me ha gustado tu relato... se me abren las carnes, como aquél que dice... porque yo soy una desertora del arao. Sí conozco lo que pasa por la cabeza de Miguel y lo sólo que se queda el campo... Dicen que el ancla es de los barcos... puedo asegurarte que no... el ancla es de la tierra... se me acongoja el alma con tu relato...
    Preciosamente narrado y sentido por tí que no hay duda de su transmisión hacia todo el que te lea, te sigo desde ya... con esta lectura me basta y me sobra.
    Bss terruños con olor a almendro.

    @MariCari♥♥♥♥♥♥♥ Gracias MariCari y tienes mucha razón...la tierra une, la tierra ata y te lo dice alguien que está lejos de su tierra, pero de vez en cuando miro alguna foto y se me escapa un lagrimón escuchando un tango o mirando un Faro cuya luz me llama de vez en cuando...besos y gracias por la visita

    Excelente relato, que transmite unas sensaciones que me son bastante conocidas. Mis abuelos vivieron del campo, y gracias a ello ahora yo puedo disfrutar de él. Como Miguel, me gustaría que su belleza nunca se perdiera, y menos por culpa del dinero. Mi enhorabuena por tu trabajo.

    @Zarzal Gracias Zarzal...el campo es muy bonito pero muy sacrificado también...pero ese trabajo templa el espíritu y hace querer más la tierra que te vio nacer...un beso

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